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Mostrando entradas de marzo, 2013

Marear la perdiz

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Hace poco me preguntaban en una entrevista si con la entrada del nuevo año me hacía nuevos buenos propósitos. Respondí que no, que los buenos propósitos uno debe hacérselos cada día, o cuando corresponda, pero no tienen por qué coincidir con el uno de enero. Pero mañana es lunes y empieza abril, y aunque el comienzo del mes no es importante para mí, quizá el hecho de que empieza la semana sí lo sea un poco más. He pasado unos cuantos meses ajetreados con la promoción deEl silencio de tu nombre y será porque ahora he recargado las baterías y poco a poco me vuelvo a sentir encajado en el mundo miro golosamente mis cuadernos de notas y los que aún están intactos y mis bolígrafos: quizá al escribir uno pueda llegar a sentir cierto placer físico, aunque resulte mucho más agotador de lo que la mayoría de la gente piensa. Pero tengo tres historias en las que quiero trabajar, y me apetece meterme con todas a la vez: una novela breve —no más de 100 o 125 páginas— que tengo medio esbozad…

El apartamento

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Hace diecisiete años yo era un escritor clandestino. Además de mis padres, casi nadie sabía que muchas de las pocas horas libres que tenía las dedicaba a inventar historias. Ni siquiera mis amigos más cercanos estaban al tanto. Me daba vergüenza, o miedo, mostrar a los demás un costado tan vulnerable. Pero quizá me salvó de ser un escritor invisible el convencimiento de que, contra lo que muchos autores primerizos afirman, yo no escribía para mí mismo, sino con la secreta esperanza de ser leído alguna vez por alguien que no me conociera.          En eso estaba hace tantos años cuando dos buenos amigos, José Manuel y Patricio, alquilaron un apartamento cerca de la Giralda para montar un negocio turístico. Una noche cargamos en una furgoneta unos muebles y los llevamos a su oficina. Además de un despacho, el apartamento tenía una habitación y una cocina que Patricio iba a ocupar como vivienda. No sé muy bien por qué, pero aquella noche, entre muchas risas, les prometí escribir u…

Mensaje en una botella

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Hace nueve años que se publicó La clave Pinner. Entonces no había redes sociales, y la única forma de que los lectores pudieran enviarte un comentario era poniendo una dirección de correo electrónico al final del libro. Uno nunca sabe el recorrido que pueden tener sus libros, pero este mail que acabo de recibir de un estudiante de periodismo de Cuba no hace sino demostrarme que escribir libros es como lanzar botellas al mar con un mensaje dentro y tarde o temprano habrá alguien que las recogerá
"Grandísimo escritor:                  Disculpe si le interrumpe mi sorpresivo e-mail. Hace solo unos instantes terminé de leer La Clave Pinner y encontré su correo al final del volumen; motivado como estoy por su lectura decidí probar suerte y escribirle, pues imagino que no debe tener mucho tiempo de leer correos de admiradores. Soy estudiante de Periodismo y un escritor fugaz que se escapa de la escritura por meses para retornar luego arrepentido; eso sí, nunca paro de leer. Su libro (Pinne…

El alquitrán del camino

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Sabías que antes o después sucedería, pero aunque no la necesitas de pronto te encuentras buscando tontamente una excusa. Siempre pasa, así que ahora no iba a ser diferente. Miles de kilómetros en apenas tres meses, y unas semanas después de que haya terminado la promoción te revuelves inquieto en el despacho, como una fiera enjaulada. Te dices que tienes varias historias en la cabeza pero no te animas a empezar ninguna; también pasa siempre que antes de empezar a escribir una nueva novela te preguntas si serás capaz otra vez, pero estás acostumbrado a la incertidumbre y hasta encuentras divertidas las dudas a estas alturas. En el fondo sabes que no es por eso. O que no es sólo por eso. En realidad, miras por la ventana y ves el mundo, ahí fuera. Te acuerdas de esa vieja canción, y de los viajes. Una de las cosas que has aprendido durante estos años es que las ideas no suelen venir a la cabeza cuando te sientas a pensar. Casi siempre las mejores ideas se te han ocurrido en movimiento:…

Una voz insólita en la literatura española

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Pues sí, eso es lo que dice Braulio Ortiz en la reseña que ha escrito de El silencio de tu nombre para la Revista Mercurio. Es una reseña breve, pero uno se alegra porque la crítica no acostumbra a valorar la voluntad literaria de una novela con una trama de intriga y espionaje



"Confiesa Andrés Pérez Domínguez, en la biografía del autor que incluye el volumen de El silencio de tu nombre, su preferencia por “las novelas que cuentan historias y que me emocionan”. unos intereses que había manifestado en ficciones comoLa clave PinneroEl violinista de Mauthausen, premiada con el ateneo de Sevilla y que supuso su  consagración entre los lectores. El novelista se afianza como una voz insólita en la literatura española, capaz de articular tramas vibrantes partiendo de episodios históricos hasta ahora inexplorados en nuestras letras, y de acompañar el avance de la intriga de una prosa elegante y pulida.  En esta ocasión, Pérez Domínguez explora el apoyo que la España de Franco brindó a los n…