Marear la perdiz
Hace poco me preguntaban en una entrevista si con la entrada del nuevo año me hacía nuevos buenos propósitos. Respondí que no, que los buenos propósitos uno debe hacérselos cada día, o cuando corresponda, pero no tienen por qué coincidir con el uno de enero. Pero mañana es lunes y empieza abril, y aunque el comienzo del mes no es importante para mí, quizá el hecho de que empieza la semana sí lo sea un poco más. He pasado unos cuantos meses ajetreados con la promoción de El silencio de tu nombre y será porque ahora he recargado las baterías y poco a poco me vuelvo a sentir encajado en el mundo miro golosamente mis cuadernos de notas y los que aún están intactos y mis bolígrafos: quizá al escribir uno pueda llegar a sentir cierto placer físico, aunque resulte mucho más agotador de lo que la mayoría de la gente piensa. Pero tengo tres historias en las que quiero trabajar, y me apetece meterme con todas a la vez: una novela breve —no...