No es grave, pero sí resulta muy incómodo, sobre todo porque de pronto hace tanto calor como si ya fuera verano, y las molestias de la gripe se estiran algunos días más de lo que cualquiera desearía. Qué curioso, qué cómico incluso resulta, que, después de haber estado viajando durante varios meses a sitios donde hacía mucho frío durante la promoción de El silencio de tu nombre , no haya pillado ni un triste resfriado y que ahora, en una semana loca con un sol más propio de finales de junio que de mediados de abril, se me haya colado a traición un virus implacable que me tiene ya tres días encerrado, sin ganas de nada y con una fiebre tan alta como no recordaba haberla padecido nunca. Miro el cielo despejado a través de la ventana con pena por ni siquiera poder salir al campo a pasear, por no poder ir a la playa, que me pilla tan cerca pero de pronto tan lejos porque si apenas puedo sostenerme de pie cómo voy a ser capaz de conducir. Nada grave, decía al principio, pero sí inc...