Aquel santo día en Madrid



         Desde ayer poner la radio o la televisión o mirar el periódico se ha convertido en una sucesión de necrológicas. También es casualidad, no sé si cómica o no, que Margaret Thatcher y Sara Montiel se hayan muerto el mismo día. De la Thatcher no voy a decir nada porque ya se ha hablado mucho de ella, y se hablará. De Sara Montiel me llamó la atención ayer, y he de confesar que con admiración, enterarme de que durante muchos años fue analfabeta. Ni siquiera en aquella época y aun siendo tan guapa como fue debió de resultarle sencillo empezar en un mundo donde saber leer se me antoja importante.
       
  Pero hoy se ha muerto el gran José Luis Sampedro y me temo que por la coincidencia en el tiempo de los fallecimientos de Margaret Thatcher y Sara Montiel mucha gente no se va a enterar, o, peor, ni siquiera sabrá quién era. No es exagerado lo que digo: hace pocos años también fallecieron casi al mismo tiempo el futbolista del Sevilla Antonio Puerta y Paco Umbral, y mientras al funeral del primero y a los llantos de sus seguidores les dedicaron horas en televisión, la noticia de la muerte del escritor apenas recibió un par de minutos en los telediarios. No es una queja, vaya por delante, y tengo claro el interés que cada asunto despierta en la gente, y, puestos a elegir, yo preferiría irme en silencio, o al menos sin hacer mucho ruido.
         Quizá de José Luis Sampedro se hable un poco estos días. Ojalá. Casi todos mencionarán sus obras más conocidas (El río que nos lleva, La vieja sirena o La sonrisa etrusca), pero yo siempre recuerdo con simpatía un relato suyo que leí en aquellos Cuentos de fútbol que recopiló Jorge Valdano para Alfaguara, hace casi veinte años: Aquel santo día en Madrid. Trataba sobre un extraterrestre que aterrizaba en la capital un domingo en el que se jugaba un partido del Real Madrid y contaba lo que veía con la ingenuidad de alguien de otro planeta que pensaba estar asistiendo a un acto religioso: los gritos de los fieles a unos señores vestidos de negro, el significado telúrico de tocar un objeto esférico sólo con los pies… (cito de memoria, pero era algo así, y me encantó). Al buscarlo en Google para escribir esta entrada he descubierto que Aquel santo día en Madrid fue publicado previamente por El país en 1987, y que se puede leer en la edición digital del periódico. Valga este pequeño homenaje al gran José Luis Sampedro. Os aseguro que merece la pena leer el cuento: 



© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2013


Comentarios

  1. Lástima que los tiempos que vivimos, en los que lo que cuenta es la rabiosa actualidad y más la espuma que la propia ola, la imagen que quede para muchos sea una distorsión de su persona.
    Más en un país de bandos, en el que cualquier personaje es atraído por el grupo que quiere que tire desde su lado de la cuerda y si no es así, le empujan hacia el otro para ponerle la etiqueta en la espalda. Difícil ser independiente y él lo fue.

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  2. Yo me me entere por el telediario ,no han vuelto a decir nada más y es una pena .Yo creo que lo que ocurre es que a Jose luis solo lo conocemos los que nos gusta la lectura y hay muchas personas que no han leído un libro nunca y no saben ni quien es a Sara quien más o menos a visto alguna película de ella ,por eso sw la nombra más. (Creo yo) Buenas noches

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