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Mostrando entradas de mayo, 2013

Premio Max Aub. Aniversario

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Hoy hace trece años que tuve la suerte de ganar uno de los premios que con más ilusión he escrito siempre en mi currículum. Era sábado cuando se falló, pero yo no me enteré hasta el lunes siguiente. Aunque algunos textos míos ya habían sido galardonados, por aquella época yo no era muy aficionado a participar en certámenes literarios, y algunos amigos me habían recomendado presentarme al Premio Internacional de Cuentos Max Aub. Además de ser muy prestigioso, está muy bien, porque si eres finalista te llaman y puedes ir a la ceremonia, me dijo alguien. Como no me habían llamado y el premio se fallaba pronto, había perdido toda la esperanza. Pero me habían informado mal, porque el lunes, al final de la mañana, me telefonearon para decirme que mi cuento, Ojos Tristes, había resultado ganador entre los más de mil textos presentados. Doy las cifras con el mismo asombro que entonces, sin intención jactanciosa, porque hoy, igual que cuando empezaba, sigue sorprendiéndome que alguien que no m…

El armario de la NBA

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Quise haber escrito sobre este asunto la semana pasada, cuando lo leí en un periódico, pero anduve liado con otras cosas y se pasaron los días. Pero no creo que después de una semana la cuestión sea menos interesante o haya perdido el fuelle de la actualidad que Jason Collins, un jugador en activo de la NBA, declare públicamente su homosexualidad. Llegará el día en que esto dejará de ser noticia, ojalá, pero me temo que pasará alguna generación todavía para que no nos llame la atención. Parece que incluso la firma Nike ha ofrecido su apoyo publicitario a cualquier estrella del deporte que esté barajando la idea de salir del armario. El mercado potencial es jugoso, y aunque la razón del ofrecimiento sea mercantilista y no altruista, puede ser un buen incentivo para que otros deportistas se animen y nos vayamos acostumbrando. No será fácil, claro. Yo mismo pertenezco a una generación en la que reírse de los homosexuales o incluso verlos como algo exótico resultaba lo natural. Pero me fu…

El camino del éxito

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Me han dado un tirón de orejas estos días, privada  y públicamente, algunas seguidoras de Facebook. El uso del femenino está plenamente justificado, puesto que todos los comentarios o mensajes de tal jaez han sido escritos por mujeres. Alguien me mandó una foto de una modelo o actriz italiana con un escote generoso y no pude ni quise evitar reproducirla en mi muro. Salvo cuatro o cinco mujeres que me han recriminado públicamente y alguna que me ha mandado un mensaje privado (y mira que estoy harto de decir que no me escriban mensajes privados porque me angustia no poder leerlos…) amenazándome con denunciarme a Facebook (no sé si esta red contará con una suerte de juez inquisitorial o algo parecido) la mayoría del personal participó de la broma y animó el hilo de los comentarios con guasa o inteligencia, que muchas veces son lo mismo. Puede parecer que por el primer párrafo de esta entrada me estoy justificando. Pues no es así. Que mi profesión sea la escritura no significa que mi vida …

La feria de las vanidades

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Quienes me conocen saben que huyo de las reflexiones grandilocuentes sobre este oficio. Esto es: me parece una estupidez decir que uno escribe para cambiar el mundo, o tonterías más propias de los cuadernos de un adolescente. Hay que ser muy osado para pensar que cuando te inventas una historia vas a contar algo que nadie ha contado antes o acaso tú lo vas a hacer mejor o más interesante. Basta acercarse por cualquiera de las ferias del libro que se celebran estos días para que un escritor se formule preguntas incómodas después de ver tantas novelas esperando a ser compradas y a bastantes autores que, con tal de promocionarse, parecen vendedores de biblias en lugar de escritores. Hay más vendedores de biblias que escritores de biblias, bromeaba conmigo un escritor el otro día cuando hablamos sobre el asunto.          Mirando atrás, recuerdo que lo que me empujó a escribir (hace dos décadas ya, joder, cómo pasa el tiempo), era la ilusión de contar historias, a mí manera, hacerl…