Ruido
Salta en los medios de comunicación una noticia estos días que me hace reflexionar sobre la relación que tenemos con el ruido: se está celebrando el juicio a una joven cuya vecina acabó de los nervios de tanto oírla tocar el piano cada día. No sé en qué acabará el asunto, y aunque pedir siete años de cárcel para la pianista me parece desproporcionado, tengo que decir que el ruido resulta tan terrible para quien lo padece como insignificante o risible para quien no le molesta. Me temo que en un país donde cualquier reunión de amigos parece una algarabía y en los bares mucha gente parece estar discutiendo o celebrando que le ha tocado la lotería la denuncia de la vecina a la mayoría no le parecerá más que el lamento de una quejica aguafiestas, ya saben: esas personas tocapelotas que disfrutan incordiando. Pero basta tener la ventana abierta un rato para que antes o después se te cuelen los molestos sonidos de una obra, las motos circulando a escape libre, la música del vecino tan alta...