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Mostrando entradas de diciembre, 2013

La noción del tiempo

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Me obligo a suspender durante la Navidad la escritura de mi nueva novela, pero al cabo de unos pocos días compruebo con extraña resignación que me he convertido ―en realidad, siempre lo he sido― en uno de esos tipos que se sienten culpables y aturdidos cuando no están trabajando, aunque muchas veces, cuando toca, no me mporte trabajar los sábados y los domingos o levantarme a unas horas muy raras porque mejor que soportar el agobiante insomnio en la cama es mejor sentarse en el despacho a escribir. Aunque puedo trabajar cuando quiera, ahora mismo, en cuanto termine de escribir esta entrada, empujo penosamente los días de la Navidad que me gusta tanto pero también se me hace tan larga. Soy uno de esos desgraciados que no saben qué hacer cuando no están trabajando y necesitan la rutina y miran el ocio con recelo, para tenerlo a raya quizá, y el viernes pasado me mosqueó darme cuenta de que había perdido la noción del tiempo. En el telediario, por la noche, hablaban de la operación salid…

En el instituto de Sanlúcar, treinta años después

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Me habían invitado a participar en un encuentro con los chavales del instituto de Sanlúcar la Mayor, donde estudié desde primero hasta tercero de B.U.P, lo que ahora creo que sería desde tercero de E.S.O. hasta primero de bachillerato. Me contaron que algunos alumnos del centro habían leído La clave Pinner y me preguntaron si podía acercarme un día. No pensé que serían más de cinco o seis estudiantes que habían solicitado un ejemplar en la biblioteca del instituto, pero a ciertos sitios no puedes dejar de ir si te lo piden, y además vas con gusto y por la patilla, entre otras cosas porque también has estudiado allí y cuando uno tenía quince años, como la mayoría de los alumnos de segundo de E.S.O. que han estado conmigo esta mañana, le hubiera gustado ver que los escritores no siempre son seres lejanos y misteriosos que en la mayoría de los casos llevan muchos siglos criando malvas bajo una lápida. Me acerco con algo de tiempo porque antes de la charla quiero echar un vistazo al lugar…

Entre George Clooney y Paco Martínez Soria

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Una de las muchas cosas buenas que tiene Internet es que es una hemeroteca gigantesca en la que basta un click para empezar a bucear. No hace tanto algunos de los políticos que ahora festejan que Sheldon Adelson se vaya con sus casinos y sus millones a otra parte sugerían la conveniencia de cambiar las leyes para que Mr. Marshall no se volviera a escapar sesenta años después. Total, qué más daba mirar para otro lado a cambio de unos cuantos millones y la promesa increíble de doscientos cincuenta mil puestos de trabajo. Después de enterarnos de que los americanos se van por fin a buscar lugares más favorables he visto algunos reportajes en la tele sobre casinos y curiosidades varias, y todavía me alegro más de que hayan pasado de largo. A mí nunca me gustó el proyecto de Eurovegas, no sólo porque no me tragaba eso de tantos puestos de trabajo o prefiriese otra cosa para España, además de que me parecía patético el espectáculo de algunos políticos bajándose los pantalones para decirle a…

Bodas de oro

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Durante el puente de la Constitución y la Inmaculada luce un sol espléndido que te empuja a salir a la calle para dar una vuelta por el centro de la ciudad y ver los adornos navideños recién colocados. El viernes no puedo porque trabajo a pesar de ser fiesta. Llevo mi nueva novela a un buen ritmo y prefiero no parar hasta Navidades, cuando haré una pausa sobre todo para sentarme a leer tranquilamente lo que llevo escrito y ajustar la trama para que no se desvíe y me lleve por derroteros que no son los que quiero. Pero el sábado por la mañana aprovecho para caminar por el centro, acercarme otra vez a la Feria del Libro Antiguo que aún sigue en la plaza Nueva. Me gusta diciembre. Puede que sea el mes del año que más disfruto, porque hace frío y los días son más cortos y las Navidades están cerca. Siempre que he podido en diciembre he aprovechado para hacer alguna escapada y recorrer los mercados navideños de esas ciudades extranjeras donde a pesar del frío hay tanta gente en los puestos…

Los drones mensajeros

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Parece que dentro de pocos años el gigante Amazon va llevar los pedidos a sus clientes en aviones teledirigidos, y ya hemos visto en la tele esos artefactos voladores con hélices y un paquete en la panza que se posan silenciosamente en los jardines de las casas americanas, los dejan en el césped y luego levantan el vuelo para regresar al almacén. Presumo que esto sólo vale para casas con jardín, con lo que el progreso y sus ventajas, aunque no queramos, tiene mucho que ver con las clases sociales. No sé si cada vez nos pareceremos más a Blade Runner o a la para mí aún mejor, mal que a algunos amigos cinéfilos les pese, Minority report, y aunque seguro que entregar paquetes en avioncitos con mando a distancia tiene sus ventajas y resulta la mar de molón, a mí me mosquea un poco pensar que estos trastos sobrevuelen el cielo algún día, que se les pueda caer un paquete y aplastar la cabeza de cualquiera que pasee por la calle, o estropearse durante el vuelo y estrellarse contra el parabri…

Astérix en los tribunales

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La colección de los tebeos de Astérix ocupa uno de los lugares privilegiados de mi estantería desde hace un cuarto de siglo, cuando un día de mi santo tuve el dinero suficiente para comprarla de un tirón y llevármela a casa en una caja que me prepararon en el Corte Inglés del centro de Sevilla. Había leído las aventuras del galo una década antes, en un montón de tardes felices en la biblioteca de mi pueblo, que además estaba en el edificio contiguo a donde viví unos años de niño: Astérix en Hispania, donde todas las carreteras estaban en obras y las ciudades en fiesta, y en Hispalis, además, los druidas celebraban las fiestas encapuchados... Astérix en Bretaña, donde había unos bardos muy famosos de Liverpool... Astérix en Bélgica, donde los galos irreductibles estaban enfadados porque Julio César había escrito que de todos los pueblos de la Galia los belgas eran los más valientes... Lo escribo de memoria y me dan ganas de ponerme a leerlos todos otra vez. Los miro en la estantería de…

Isabel

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Anoche terminó la segunda temporada de la serie Isabel y supongo que la tercera no se estrenará hasta después del verano de 2014. Mucha gente, entre los que me incluyo, tiene ganas de verla. Vale que Isabel no tiene ese glamour lujurioso de Los Tudor y que Rodolfo Sancho no transmite el mismo magnetismo que Jonathan Rhys Meyers cuando se pone la ropa de Enrique VIII, o se la quita... Vale que Isabel no tiene esa oscura épica de Juego de Tronos, y vale también que las escenas de batallas no resultan creíbles por la falta de medios o de ambición, o quizá por ambos motivos. Vale que podría ser mucho mejor serie de la que es, pero a mí me gusta que se cuente ese momento tan interesante de la Historia de España de una forma dramatizada, aunque se permita licencias, como es preceptivo en la ficción para darle un barniz más atractivo al espectador. Isabel resulta un producto más que decente. Ya digo: no es Los Tudor, ni Juego de Tronos, ni Mad men o The newsroom. Ni falta que le hace. No soy…

Aprovechar el día

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No dejo de leer que los blogs están de capa caída, y tal vez sea verdad porque los lectores están acostumbrados (malacostumbrados, vaya) a textos rápidos, a pasar de uno a otro a golpe de click, a no detenerse el tiempo necesario porque enseguida se aburren y pasan a otra cosa. La vida misma, quizá. Pero me preocupa entrar en el mío y darme cuenta de que hace un par de semanas que no escribo nada. Aunque dar explicaciones por no asomarse por la propia bitácora resulta absurdo, pero sobre todo pretencioso, ya que al hacerlo uno supone que habrá alguien esperando enfadado al otro lado porque no has escrito nada cuando lo lógico es que tu blog y lo que escribes no sea más que una gota de agua perdida en el océano. Ni siquiera eso. En fin. Por si le interesa a alguien: ando arremangado con una nueva novela y me gustaría que los días tuvieran más horas. Ahora miro por la ventana de mi despacho y amanece. El de ayer ha sido un día extraño, complicado. Llevo toda la semana resfriado y no he …