La noción del tiempo
Me obligo a suspender durante la Navidad la escritura de mi nueva novela, pero al cabo de unos pocos días compruebo con extraña resignación que me he convertido ―en realidad, siempre lo he sido― en uno de esos tipos que se sienten culpables y aturdidos cuando no están trabajando, aunque muchas veces, cuando toca, no me mporte trabajar los sábados y los domingos o levantarme a unas horas muy raras porque mejor que soportar el agobiante insomnio en la cama es mejor sentarse en el despacho a escribir. Aunque puedo trabajar cuando quiera, ahora mismo, en cuanto termine de escribir esta entrada, empujo penosamente los días de la Navidad que me gusta tanto pero también se me hace tan larga. Soy uno de esos desgraciados que no saben qué hacer cuando no están trabajando y necesitan la rutina y miran el ocio con recelo, para tenerlo a raya quizá, y el viernes pasado me mosqueó darme cuenta de que había perdido la noción del tiempo. En el telediario, por la noche, hablaban de la operación s...