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Mostrando entradas de febrero, 2014

El genio discreto

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De melómano tengo lo justo. Lo confieso. Y aunque creo que me pierdo algo estupendo por no haber dedicado nunca mi tiempo a tocar un instrumento musical, siempre he encontrado una excusa para emplearlo en otra cosa. Ahora que se ha muerto Paco de Lucía todo el mundo parecía quererlo o admirarlo, y yo me incluyo entre los segundos porque, insisto, aunque no he intentado tocar jamás una guitarra, bastaba verlo a él manejar una durante un instante para saber  que se estaba viendo a un genio. Pero lo que más me gustó siempre del músico no es sólo que fuera un genio, sino además un genio discreto, de esos elegidos que son tan grandes que les basta un gesto o una mirada para revelarlo. Venero a la gente así: los que son tan buenos en su trabajo que no necesitan demostrarlo continuamente, quizá porque no se sienten inseguros ni amenazados por los de su misma profesión, porque se saben los mejores aunque no lo digan ni necesiten que se lo digan. O porque les da la gana y ya está. Como a mucho…

El imbécil

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Para algunas cosas me falta cintura, lo reconozco. Por la ventana de mi despacho llevo ya muchos días viendo una furgoneta aparcada de mala manera, atravesada, ocupando un espacio donde se debe aparcar en batería y, si el conductor hubiera tenido sólo un poco de respeto por los demás, no la habría dejado ahí —tal vez abandonada— ocupando el sitio donde por lo menos cabrían tres coches. Ayer iba conduciendo por una avenida amplia detrás de un vehículo que, por la velocidad que llevaba, parecía que el conductor había hecho un juramento para no adelantar a un caracol. Me cambié de carril y no pude evitar mirarlo. Pensaba que sería una persona mayor, con algún problema de visión o de esa clase de gente que se pone al volante de un coche y enseguida se le engarrotan los brazos y se pone a sudar de puro miedo a conducir. Pero no, era un hombre de mi edad, y no sé si tendría pánico a conducir, pero me quedó claro que es capaz de circular por un lugar con bastante tráfico mientras mantiene un…

Más Greene que Fleming

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Hoy traigo esta reseña deEl silencio de tu nombre que apareció en la Revista Krítica. Es interesante porque apunta los detalles que les han gustado de la novela y los que no.

"Ningún hombre puede engañarse a sí mismo cuando está solo y pronuncia el nombre de la mujer que ama. Enero, 1950. Cuando Erika Walter, viuda de un agente secreto alemán, huye a Madrid con un importante legajo de documentos que implican a altos cargos nazis en el exilio, su amante Martín Navarro, ex miembro del PCE, se ve obligado a abandonar París y perseguirla. Aunque sabe que en España lo espera la cárcel si es capturado por la policía franquista o la muerte por traición si sus camaradas del Partido lo descubren, Martín lo arriesgará todo, incluso sus convicciones ideológicas, por volver a reunirse con Erika. Con la policía, los nazis, los comunistas y la CIA pisándoles los talones, ambos amantes se verán envueltos en una trama de espionaje e intereses ocultos más compleja y peligrosa de lo que nunca hubie…

Novela de supervivientes

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Sigo trayendo reseñas que habia por ahí perdidas de mis libros. Esta sobre La clave Pinner la publicó hace poco Daniel Jerez en su blog.
"Descubrí a Andrés Pérez Domínguez con el libro El factor Einsteiny quedé cautivado por su narrativa. Ahora he leído su novela La clave Pinner y he decir que de nuevo he disfrutado con su lectura. El estilo narrativo de Andrés es pausado e intimista. Cuida cada palabra como si fuera esencial para transmitir lo que desea transmitir. La clave Pinner es una novela de espías, pero ante todo, de personas. Personas que se han visto obligadas a huir, a luchar por un ideal, a sobrevivir, a adaptarse a los cambios por no morir y personas que tienen sus temores y sus cuentas pendientes.  Está narrada en tercera persona e intercala el punto de vista de Gordon Pinner, un espía ruso que trabaja para el MI6, y Miguel Carmona, un fugitivo buscado por el gobierno británico, los alemanes y la guardia civil. Los hechos transcurren en 1943, acercándose el fin de la…

La casa de Ana Frank

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La última vez que estuve en Ámsterdam fue hace poco más de ocho años. A primeros de diciembre, recién llegado al hotel, a última hora de la tarde, lo primero que hice fue acercarme a la casa de Ana Frank. Faltaba poco para que cerrase, y pasarme por allí fue una gran idea porque al día siguiente había una cola de gente que daba la vuelta a la manzana esperando entrar. Cuando yo la visité sólo había dos o tres personas. La casa de la familia Frank es uno de los lugares que, igual que los campos de exterminio, debería ser de visita obligatoria, sobre todo para esos cabezas huecas que a estas alturas de la película se empeñan en negar el Holocausto. Pero no quiero hablar de eso, sino de un póster que compré entonces: un plano de la casa donde se escondían los judíos, con sus dependencias, detrás del almacén de Otto Frank. Me lo traje desde Ámsterdam a Sevilla con la intención de enmarcarlo y colgarlo en la pared de algún lugar donde me instalase definitivamente, pero me he mudado varias …

Un libro que te hace suyo

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Sigo trayendo al blog reseñas que tenía pendientes de colgar. Hoy dejo esta de El factor Einstein. El autor de la reseña da las gracias al autor del libro por haberlo escrito, pero debería ser al revés: es el escritor el que debe estar siempre agradecido porque un lector disfrute así de tu trabajo. Más aún cuando ya hace seis años que esta novela se publicó. Ahora vuelve a estar viva en su nueva edición en bolsillo. Esta reseña fue publicada hace poco en el blog Muchalectura.com EL FACTOR EINSTEIN Siempre, y en esta afirmación puedo asegurar que estoy siendo totalmente sincero, he pensado que las novelas de éste género – y lo digo por experiencia lectora – llevan al lector a un estado de amarga ansiedad por descubrir el desenlace de la historia, el final de la trama, y, permitidme el carácter tópico de la cita, saber si en verdad es el mayordomo el asesino. Y cuál ha sido mi sorpresa mientras leía El Factor Einstein, cuando de pronto, levanto la vista hacia la pared que tenía enfrente d…

El cine y las prisas

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No pude ver la gala de los Goya el domingo. Me llamaron por teléfono y tuve que salir pitando camino del hospital. Nada grave, sólo el susto, menos mal. Pero de madrugada, cuando conducía de vuelta a casa preguntándome si sería verdad ese bulo que había corrido por las redes sociales sobre un huracán de contundencia tropical que a esa misma hora debería sacudir el mismo cielo que estaba encima de la autovía —el coche se movía un poco por el viento, pero tampoco era para tanto—, me acordé de la ceremonia y me preguntaba quién habría ganado. Tengo una tarifa de datos pero no uso Internet en el móvil porque odio estar pendiente de la pantalla (en el hospital me chocaba y me parecía una falta de respeto que la enfermera empujase la silla de ruedas de un familiar con una mano mientras con la otra tecleaba en su Blackberry), así que de las noticias prefiero enterarme por la radio, viendo el telediario, leyendo el periódico, como toda la vida, aunque ahora parezca anticuado, o como mucho cua…

Imposible parar de leer

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Traigo esta reseña deEl violinista de Mauthausen publicada en el blog Mientras duermen. Cinco años después de que se publicase, esta novela no deja de darme alegrías...EL VIOLINISTA DE MAUTHAUSEN - ANDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ (2009) Ruben Castro, republicano español vive exiliado en París. Allí vive una vida tranquila junto a  Anna, su futura esposa. Pero todo cambia el día en que el ejército nazi entra en París y  Ruben es arrestado por la Gestapo. Su destino es Mauthausen, campo de exterminio  del que milagrosamente saldrá tras cuatro duros y largos  años. Regresa a casa, pero Anna ya  no le espera...
La novela está dividida en capítulos no muy extensos, cada uno de ellos dedicado a un
protagonista. La lectura no es muy ágil, puesto que los párrafos son largos
 y hay escasez de diálogos. Pero la trama es tal, que resulta imposible parar de 
leer. Es la primera novela que leo del autor, pero adivino en él un estilo muy particular. Todo
está narrado desde el interior de los protagonistas, así pues, …

Un toque de originalidad

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Tenía por ahí algunas reseñas que aún no había colgado de El silencio de tu nombre y otras novelas mías que han aparecido en los últimos meses y no quiero dejar de recuperarlas. Hoy traigo esta, que salió en el blog La página 17


Tras leer 'El silencio de tu nombre', me di cuenta de las innumerables semejanzas que guarda con 'El violinista de Mauthausen'. No sólo porque los contextos son parecidos: postguerras, espías, bandos contrarios, secretos, traiciones, triángulos amorosos entre los tres protagonistas -dos hombres y una mujer-... el comienzo es bueno, y todo mejora cuando se desvelan las incógnitas que van a perseguir al lector a lo largo de toda la novela.  En mi opinión, los personajes masculinos están más logrados que los femeninos. La diferencia no es tanta como para que esto se convierta en un punto débil de la novela, pero sí es evidente.
Una de las preguntas que más se repetían en mi cabeza cuando me hice con esta novela era la siguiente: ¿habría mejorado Andr…

Obsesión

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Inquieta saber que la mujer que asaltó el otro día navaja en mano a la esposa y a la hija del periodista deportivo Paco González era una fan obsesionada con él desde hace unos pocos años. Por poca repercusión pública que tenga tu profesión no es raro que de vez en cuando alguien sufra un cortocircuito en el cerebro y se confunda. Por eso inquieta, digo. Inquieta pensar que alguien pueda verte en la tele o escucharte en la radio o leer una entrevista que te han hecho en un periódico y a lo mejor también lee tus libros y se fabrique una imagen de ti que siempre es falsa porque en realidad no te conoce de nada. Inquieta que luego vaya a buscarte sin que aún sepas de su obsesión, que se acerque en una firma de libros o cuando se cruce contigo por la calle y a lo mejor ese enamoramiento pueril se transforma en odio, enseguida o poco a poco, porque no le has sonreído como esperaba o no ha entendido que no acostumbras a dar tu teléfono o tu dirección a un desconocido, por muchos libros tuyos…

Mutiplicar la vida (II)

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En el valle del Guadalquivir siempre tiene uno la sensación no del todo equivocada de que el invierno empieza a mediados o a finales de noviembre y dura hasta poco después de Navidades, porque desde mediados de enero se alternan algunas jornadas luminosas en las que a las horas centrales del día parece que la primavera llegará enseguida con otros días que recuerdan que el invierno empezó a finales de diciembre y aún queda bastante (hace cuatro años nevó en Sevilla, en febrero: no cuajó, pero se trataba de nieve, al cabo). Decía equivocada porque, aunque a mediodía uno esté a gusto al sol, por la noche bajan tan rápida y tan inesperadamente las temperaturas que a quienes visitan las ciudades del sur estos días los pilla por sorpresa y desabrigados. Esta mañana no había ni una nube en el cielo después de unos pocos días que parecían la llegada del diluvio. Desde muy temprano estoy escribiendo, pero ya es viernes y me gustaría descansar hasta el lunes: no puedo siempre, pero procuro acomo…

Multiplicar la vida

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Sostenía Blaise Pascal que el origen de todos los males del mundo es la incapacidad del hombre de permanecer quieto en una habitación. No sé hasta qué punto resulta cierta esa afirmación, pero estos días la practico por obligación, o casi. Yo soy de los que no les importa estar en casa, en la mía, con mis libros y mis trastos a mano, pero al menos durante un rato cada día necesito moverme, terminar exhausto y empapado después de hacer deporte, o como mínimo dar un paseo o conducir un rato hasta algún lugar donde perderme entre la gente, mirando escaparates de librerías o curioseando en tiendas, como cualquiera. Pero desde hace unas pocas semanas mi rodilla arrastra un problema que no es grave pero sí incómodo y doloroso y, aunque el médico que dice que repose, ya he llegado al punto inquietante en el que sé que prefiero entrenar a pesar de estar lesionado, aunque así tarde más en curarme o no me cure nunca del todo, en lugar de estar esperando sentado sin hacer nada más que leer o ver…