Hasta el otro día yo era uno de los pocos españoles que no había visto todavía la que parece ser la película del año , o de la década: Ocho apellidos vascos . Mucha gente me hablaba de ella, pero me resistía a verla porque abomino de los tópicos , pero este fin de semana no me he podido resistir a la tentación, y reconozco mi error por no haber caído antes, por ser tan torpe para pensar que los tópicos no se pueden usar de una forma elegante e inteligente. No cuento lo que me he reído, porque decir Ocho apellidos vascos y carcajadas en la misma frase sería una redundancia, sino lo que uno descubre cuando escarba un poco en los gags, en lo que significan sobre las diferencias que nos separan, no sólo a los vascos y a los andaluces, sino a los catalanes y a los extremeños, a los asturianos de los aragoneses. A todos, vaya. España es diferente , dicen en el extranjero, pero también es muy diferente por dentro. Yo me suelo poner muy serio cuando de Despeñaperros para arriba alguie...