Lo verde empieza en los Pirineos
Consternado ando desde ayer porque me he enterado de que
sólo el dos por ciento de la francesas de menos de treinta y cinco años
practica top less. Destetarse en la playa o en la piscina ha caído en
desuso en nuestros vecinos del norte porque quedarse sin la parte de arriba
ahora es un acto poco femenino y propio de mujeres con ganas de llamar la
atención por una causa noble; porque supone una sumisión a los deseos masculinos
―los hombres, siempre tan ansiosos por mirar tetas...―; o porque con las
cámaras integradas en los teléfonos y las redes sociales cualquiera que se ponga a dorarse
al sol corre el riesgo de acabar siendo el objeto del deseo de algún pervertido en en Facebook o Twitter. Ya decía yo que esto de las cámaras en los
teléfonos móviles y las redes sociales al final nos iban a cambiar la vida para
peor...
Con la crisis los españoles ahora viajan menos al extranjero,
pero, bien mirado, no tiene por qué ser una desventaja, porque parece que de
momento las mujeres de aquí no se apuntan a esta epidemia púdica que ha
empezado en Francia. Ya no nos queda París, ni la Costa azul, pero aún tenemos
las playas de Cádiz o de Almería.
No se antojan tan lejanos aquellos años en los que habitantes
de la España casposa cruzaban la frontera para disfrutar de los sugerentes usos
de la mantequilla en ciertas partes del cuerpo de Maria Schneider y, lo que es la vida,
para contemplar a una mujer desnuda tostándose al sol habrá que volver a cruzar
los Pirineos, aunque mirando al sur esta vez.
© Andrés Pérez Domínguez, julio
de 2014

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