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Mostrando entradas de agosto, 2014

Oficios incomprendidos

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En septiembre, con suerte, me largaré unos días. Mientras tanto, paso agosto criando a un cachorro, leyendo libros que tenía pendientes y corrigiendo una novela breve ―entre 150 y 200 páginas― que se publicará en el primer trimestre de 2015. Sonrío estos días al releer un texto que escribí hace siete años, puliendo frases o eliminando redundancias que ahora no me parecen tan oportunas como antes ―se publica para dejar de corregir, dicen por ahí―, pero sobre todo al descubrir que sigo pensando igual que el protagonista y narrador deLos perros siempre ladran al anochecer, un dibujante de cómics ―tebeos, como él prefiere llamarlos, igual que un servidor― que se muda con su mujer a una urbanización a las afueras de una gran ciudad porque los vecinos del bloque de pisos donde vivían les hacen la vida imposible. Ya os contaré alguna cosa sobre esta novela más adelante. Sonreía el otro día, decía, y sigo sonriendo al recordarlo, cuando me topé con una frase en la que el protagonista reflexio…