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Mostrando entradas de septiembre, 2014

La isla mínima

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Salto felizmente estas semanas de un estreno español a otro. Después de ver El niño, incluso antes de ir a verla, me picaba la curiosidad por la nueva película de Alberto Rodríguez. Aun sin quererlo, no podía evitar compararlas anticipadamente, puesto que eran dos historias de policías que suceden en Andalucía. Localismos aparte, de los que no soy amigo, es de celebrar que un par de películas cuyas tramas suceden al sur de Despeñaperros hayan suscitado tanta expectación. Salí de la proyección de El niñoencantado, con el orgullo castizo que uno siente cuando un español te demuestra que aquí se puede hacer lo mismo que al otro lado del océano con la décima parte de dinero y el triple de talento. Pero me mosqueaba un poco que el listón estuviera demasiado alto y cuando fuese a ver La isla mínima no fuera igual. Me equivoqué. Anoche, cuando aparecieron los créditos, tenía la sensación de haber disfrutado una obra maestra. Ya sé que mi calificación podrá parecer excesiva a más de uno, pero…

Un cuento chino

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Ya no sé qué milonga nos quieren vender con la recuperación económica. Salvo contadísimas excepciones (incluidos banqueros y dueños de multinacionales, que viven en otro mundo, el suyo), el que más y el que menos lleva cinco o seis años haciendo juegos malabares para tapar agujeros y llegar a fin de mes, y si todavía alberga esperanza de recuperarse a medio plazo es por eso tan humano de creer, sin fundamento, que tal vez mañana las cosas irán mejor. Escribo esta entrada muy cabreado, con el correo recién leído de un amigo periodista ―otro más― al que le han dicho que se busque la vida después de media vida dejándose las pestañas en la empresa, a una edad en la que es difícil reciclarse. Una edad en la que, después de haberse deslomado durante años, al menos debería avizorar la hora de la jubilación en el horizonte con la tranquilidad que se merece. ¿Pero qué hemos hecho mal?, se pregunta mucha gente que no ha especulado con el dinero de otros, no ha engañado a nadie, no ha vivido por…

El médico alemán

Casi siempre que termino una novela, mi agente o el editor que corresponda me sugieren que cargue un poco más las tintas en la acción o la intriga. Incluso algún colega me dijo una vez, hace años, que el problema de una novela mía es que “era demasiado buena”. Se refería a que tenía voluntad literaria, algo que, al parecer, ni la gran masa de lectores, ni él, por supuesto, apreciaban. Venderías  el triple si hubiera más tiros, más persecuciones y más sexo, añadió. No me lo invento. Palabra. Y tampoco le doy importancia. A veces resulta raro, y divertido, que a uno lo consideren un autor de novelas de intriga cuando lo que más le preocupa es explorar lo que les pasa a los personajes por dentro, pero ésa es otra historia. Mis lectores saben -espero- que la intriga, si la hay, es una excusa para que la historia avance mientras me entretengo en explorar otros asuntos.  La cuestión es que como escritor, como lector y como espectador prefiero las historias interesantes, con intriga y algo …

La clave Pinner, décimo aniversario

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Hace diez años, en septiembre, estaba muy atareado. Llevaba cerca de una década escribiendo y aún no me habían dado el bautismo comercial. Para mí era importante. Aunque tenía una columna semanal en un periódico, colaboraba regularmente en Onda Cero y gracias a los premios literarios que tuve la suerte de ganar conseguía mantenerme razonablemente con lo que escribía, sentía una poderosa curiosidad por ver cuál sería la reacción de los lectores ―los que merodean por las mesas de las novedades― al tener un libro con mi nombre impreso en la cubierta. Ya había publicado unos cuantos que fueron leídos y cosecharon reseñas elogiosas (Ojos tristes, Duarte, Estado provisional, Los mejores años, y algún otro: mis lectores más antiguos los conocen), pero no me valía. Yo quería comprobar si mi trabajo pasaría alguna vez el filtro de una editorial comercial y si al contar con una distribución adecuada encontraría su camino. En junio de 2001 había puesto punto final a una novela que sucedía casi t…