La isla mínima


Salto felizmente estas semanas de un estreno español a otro. Después de ver El niño, incluso antes de ir a verla, me picaba la curiosidad por la nueva película de Alberto Rodríguez. Aun sin quererlo, no podía evitar compararlas anticipadamente, puesto que eran dos historias de policías que suceden en Andalucía. Localismos aparte, de los que no soy amigo, es de celebrar que un par de películas cuyas tramas suceden al sur de Despeñaperros hayan suscitado tanta expectación. Salí de la proyección de El niño encantado, con el orgullo castizo que uno siente cuando un español te demuestra que aquí se puede hacer lo mismo que al otro lado del océano con la décima parte de dinero y el triple de talento. Pero me mosqueaba un poco que el listón estuviera demasiado alto y cuando fuese a ver La isla mínima no fuera igual. Me equivoqué. Anoche, cuando aparecieron los créditos, tenía la sensación de haber disfrutado una obra maestra. Ya sé que mi calificación podrá parecer excesiva a más de uno, pero no soy crítico ni me apetece serlo (los lectores de esta bitácora lo saben): me basta con transmitir alguna vez a quienes se asoman por aquí la emoción que me provocan algunas películas y ciertos libros. 
La isla mínima, con sus silencios y claroscuros me dejó clavado en el asiento como hace mucho que no me dejaba una película. Fantástico Javier Gutiérrez como el policía de la vieja escuela. Fantástico el personaje también. No puedes sino, a pesar de todo, encariñarte con él. Fantástica, muy sólida, la trama, el ambiente sórdido de la marisma sevillana hace treinta y cuatro años. Impresionan las imágenes aéreas desde el plano inicial.
Contaba el otro día Carlos Boyero que Alberto Rodríguez  tenía que responder con resignación en el festival de San Sebastián cuando más de uno pegaba la hebra para recordarle el parecido entre la exitosa serie True detective y su película. Resulta imposible, por desgracia, y con la serie de la HBO tan reciente (dos policías de personalidades opuestas, pantanos, el sur y niñas asesinadas) no compararlas. El director sevillano no ha visto los episodios creados por Nick Pizzolato. Yo sí, y los disfruté. Pero aparte de la sorprendente y meritoria interpretación de Matthew Mcconaughey (y no nos olvidemos de lo bien que está Woody Harrelson), la atmósfera y ciertos diálogos, a ratos la historia me pareció forzada. No se trata de hacer patria o de que la tierra donde me he criado me condicione (soy sevillano, pero ni siquiera conozco al director de La isla mínima), y comparar no es lo que prefiero (y en este post lo he hecho ya dos veces), pero como no he sido el primero ni seré el último en relacionarlas, sólo puedo decir que, si hay que poner en una balanza a True detective (que, insisto, me gustó mucho) y a La isla mínima, el fiel se inclina, sin dudarlo, hacia el lado de la película de Alberto Rodríguez.



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© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2014

Comentarios

  1. Hola que tal ,por supuesto que fui a verla ,y me gusto mucho .Y viendo la película me acorde de un caso que ocurrió hace años ( no se a ti ) las niñas de alcase .Creo que se escribe así ,. Buenas noches

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  2. Personalmente creo que La isla mínima está a años luz de "True detective". No digo que no sea una buena película pero en mi opinión no pasa de ahí. Comparar la química entre los distintos personajes (no hablo sólo de los protagonistas) de una y otra llega a ser en algunos casos sonrojante. Creo que La isla mínima cuenta con un buen guión, una más que notable fotografía, pero una dirección que en ciertos momentos merma la credibilidad de los personajes, sobre todo del señor Arévalo.

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    1. Me parece muy bien, estimado anónimo. La vida sería muy aburrida si todos pensáramos igual. Mi opinión, como ha podido leer, es bien distinta. Gracias por opinar

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