The newsroom


 
Se acaba la serie The newsroom y aunque me da un poco de pena también hay que celebrar que la trama no se haya estirado hasta aburrir a los espectadores. Parece que The newsroom tuvo críticas desde la emisión de la primera temporada en Estados Unidos y hasta Aaron Sorkin, el creador, tuvo que pedir disculpas al gremio de los periodistas por no haber reflejado una imagen acertada de la profesión. Pero es normal que una serie sobre periodistas no guste a los periodistas, igual que a menudo las series de médicos o de policías incomodan a los médicos y a los policías. A lo mejor una serie que contase la vida y milagros de un escritor no me parecería ajustada a la realidad. Pero un creador no tiene por qué levantar acta de la realidad. Para eso están los notarios. Un creador debe conocer el mundo sobre el que escribe y a partir de ahí inventar. Por eso conviene que los creadores de las series sobre médicos, policías, periodistas y escritores no sean médicoas, policías, periodistas ni escritores, aunque cuenten con asesores que les señalen ciertos fallos imperdonables. La vida real carece del orden y de los recursos de la ficción.
A mí me ha gustado mucho The newsroom. Vale que el personaje que interpreta el gran Jeff Daniels tiene los mismos tics de pedante sabelotodo que el presidente Barlett que encarnaba Martin Sheen. Ésa es una de las cosas que los detractores de Aaron Sorkin le echan en cara: lo listillos que son sus personajes, lo forzado y lo increíble de los diálogos. Puede ser, pero a mí me gusta. Barlett era un presidente demócrata, Will MacAvoy una estrella de la tele, un presentador de informativos republicano que se enfrenta sin complejos al Tea party.
La última temporada sólo tiene seis episodios, y es cierto que la trama resulta algo forzada, pero aun así merece la pena verla, entre otras cosas por el interesante debate que subyace entre el periodismo serio y la banalización de la información en las redes sociales: el resultado es que usar las nuevas tecnologías de una manera responsable las convierte en un instrumento muy eficaz. Otra cosa es buscar incrementar el número de seguidores o llamar la atención a costa de lo que sea, a costa de la verdad muchas veces. O de decir tonterías. A mí los famosos trending topics de Twitter a menudo me parecen una gilipollez: basta que un idiota con muchos seguidores cuente que se ha levantado estreñido para que otros empiecen a hablar sobre el asunto y se convierta en tendencia mundial. Qué gran momento cuando en el penúltimo episodio de la tercera temporada, en una entrevista en directo la maciza Sloan Sabbith deja al descubierto las miserias del nuevo encargado de la web.

Esta mañana lluviosa he visto el último episodio de The newsroom. Ha sido lo mismo que despedir a un grupo de buenos amigos. Pero ha merecido la pena el tiempo que he pasado con ellos.




© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2015

Comentarios

  1. Para mi la mejor serie de Sorkin después de El Ala Oeste. Una pena que no vaya a escribir más para televisión!

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