The newsroom
A mí me ha gustado mucho The newsroom. Vale que el personaje que interpreta el gran Jeff Daniels tiene los mismos tics de pedante sabelotodo que el presidente Barlett que encarnaba Martin Sheen. Ésa es una de las cosas que los detractores de Aaron Sorkin le echan en cara: lo listillos que son sus personajes, lo forzado y lo increíble de los diálogos. Puede ser, pero a mí me gusta. Barlett era un presidente demócrata, Will MacAvoy una estrella de la tele, un presentador de informativos republicano que se enfrenta sin complejos al Tea party.
La última temporada sólo tiene seis episodios, y es cierto que la trama resulta algo forzada, pero aun así merece la pena verla, entre otras cosas por el interesante debate que subyace entre el periodismo serio y la banalización de la información en las redes sociales: el resultado es que usar las nuevas tecnologías de una manera responsable las convierte en un instrumento muy eficaz. Otra cosa es buscar incrementar el número de seguidores o llamar la atención a costa de lo que sea, a costa de la verdad muchas veces. O de decir tonterías. A mí los famosos trending topics de Twitter a menudo me parecen una gilipollez: basta que un idiota con muchos seguidores cuente que se ha levantado estreñido para que otros empiecen a hablar sobre el asunto y se convierta en tendencia mundial. Qué gran momento cuando en el penúltimo episodio de la tercera temporada, en una entrevista en directo la maciza Sloan Sabbith deja al descubierto las miserias del nuevo encargado de la web.
Esta mañana lluviosa he visto el último episodio de The newsroom. Ha sido lo mismo que despedir a un grupo de buenos amigos. Pero ha merecido la pena el tiempo que he pasado con ellos.
© Andrés Pérez Domínguez, enero
de 2015

Comentarios