Un Pérez Domínguez desconocido
Esto es lo que dice Rubén Soriano de un servidor y de Los perros siempre ladran al anochecer en muchamasliteratura.com Aprovecho esta entrada para agradecerle sus hermosas palabras sobre mi trabajo.
"Es cruel. Son
crueles. Los instantes posteriores (y utilizo el término en plural porque ese
momento se alarga convirtiéndose en muchos) al término de la lectura de un
libro pueden machacar la mente de tal forma que la persona que intenta escribir
sobre él sufre como si de una locura se tratase, buscando desesperadamente el
remedio a tal maraña de imágenes, ideas, pensamientos que se ciñen a una línea
de visión atemporal y que hacen que todo el libro inunde la existencia. No
hablo de caos literario, ni de maldad cualitativa, ni de malintencionados
propósitos hacia el que escribe, o hacia aquel que disfruta de esa lectura. Me
refiero a la intensidad emocional, psíquica, real, que una lectura puede
proyectar en una mente abierta a experiencias, vidas, y sentimientos. Y en este
caso que nos ocupa, no han hecho falta centenares de páginas para impactar de
lleno en el centro de la diana. Y hablando como lector y autor de estas líneas,
no me he percatado de apenas diferencias en el efecto producido en ambos papeles.
Porque queramos o no, lo queramos evitar o simplemente lo queramos obviar, Los
perros siempre ladran al anochecer.
Andrés Pérez Domínguez, el padre de estas páginas, ha
brindado al público la oportunidad de adentrarse en el abismo de una realidad
oculta, a simple vista del resto de los humanos, pero escondida en el interior
de la conciencia de cada uno. Jorge, dibujante
de tebeos, y Clara, su
mujer, se trasladan a vivir a una urbanización en el campo, huyendo de una vida
llena de desgracia, y empezar una nueva desde cero. Pero pronto descubrirán que
la realidad, por mucho que intenten disfrazarla, es la que viven, sin más. Un
argumento sencillo al que el autor dará los complementos necesarios para que
sea un todo respecto a calidad, estilo, profundidad, y entereza literarios. No
solo hablamos de vocabulario, ni de tono, ni de ritmo. Hablamos de una
literatura concebida desde la conciencia, por y para trasladar la esencia
necesaria y única que un lector debe recibir cuando Los
perros siempre ladran al anochecer cae en sus manos. Una manera que
desconocía de Pérez Domínguez de mostrar palabra por palabra la literatura.
Sorprendente.
Sorprendente es la vía narrativa de la novela. Un narrador
en primera persona, el mismo protagonista, hace partícipe a quien le escucha
(sí, a quien le escucha) de toda una destrucción moral y psicológica, personal,
y muestra un punto inflexible entre la dura concienciación y el luchar por
evitar una realidad emocional carente de toda conciencia. El hecho de narrar su
propia vida, desenterrar todo el complejo emocional, sentimental, que ha
guardado día tras día, el ver que todo aquello que amamos no siempre es real, aunque
nos lancemos a los brazos de la locura por creer que no es así, es un arma que Pérez Domínguez, a través del relato del propio Jorge,utiliza
para transformar una lectura en una conversación, plantea una interacción
protagonista-lector tan densa que convierte al mismo lector en protagonista de
su propio descubrimiento de su propia realidad. Es la vida lo que estamos
leyendo. Es la novela la que se introduce dentro de cada uno. Es el ejemplo de
literatura.
No es sino con la ayuda de los saltos temporales como nos
introducimos en la historia. El protagonista explica su situación matrimonial
actual recordando cómo empezó todo. El acercamiento que Pérez Domínguez ofrece en las páginas de Los
perros siempre ladran al anochecer es la clave para considerar todo aquello
que se quiere conseguir con este tipo de literatura. Al igual que utilizando la
metáfora que da nombre a la obra, el lector aprende a no obviar aspectos,
creencias, ni a ocultar aquello que nos hace daño, no ya al prójimo, sino
ocultarlo de nosotros mismos. Todo ello con un lenguaje cotidiano, coloquial,
el que acostumbramos a usar mientras ese café se enfría en una tarde de invierno
escuchando a un buen amigo sollozar, vistiendo su piel, y sintiendo. No lees aJorge hablando
de su matrimonio con Clara, de
su carrera como dibujante, ni de su nueva urbanización. Escuchas a Jorge. Y vistes su piel. Y todo lo que
conlleva.
Y es una lección maestra. La sabemos, la sabíamos, pero no
nos damos cuenta. Porque sea como fuere, queramos o no queramos, lo veamos o
no, siempre, siempre, Los perros siempre ladran al anochecer. Andrés Pérez
Domínguez, cómo no."
La reseña fue publicada en muchamasliteratura.com.
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