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Mostrando entradas de marzo, 2015

Don Quijote 451

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Aburrido estaba ya de oír hablar de los huesos de Cervantes, que no se sabe ni se sabrá nunca si pertenecen al creador de Alonso Quijano, cuando, en el mismo periódico, también de una forma destacada pero no tanto como los párrafos dedicados a un sinsentido al que por más vueltas que le doy no encuentro más utilidad que la que puedan extraer los políticos en este año con elecciones hasta en la sopa, aparece la noticia de que la casa de Ray Bradbury en Los Ángeles ha sido vendida y demolida sin que ya nadie pueda poner remedio. Como tantos escritores, Miguel de Cervantes apenas disfrutó de las mieles de la celebridad, pero Ray Bradbury, quizá porque tuvo la suerte de nacer en el siglo XX y ser norteamericano, sí había encandilado en vida a varias generaciones de lectores de todo el mundo. Pero que menos de tres años después de su fallecimiento el destino de la casa donde el autor de Fahrenheit 451 vivió más de cincuenta años sean unos cascotes no es sino una alegoría de lo que poco que…

Francisco González Ledesma

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Se ha muerto Francisco González Ledesma y albergo la triste pero me temo que también certera sospecha de que poca gente sabía quién era. En España se lee poco, así que no tiene por qué resultar sorprendente que más allá del gremio literario y de los lectores del finado el nombre de un tipo que ha escrito más de cuatrocientas novelas del Oeste y policíacas no resulte familiar. Si acaso, a los lectores más viejos que compraban novelas baratas en los quioscos les dirá algo el nombre de Silver Kane, el exótico pseudónimo con que el escritor catalán firmó casi todas esas obras. Viajo a Barcelona con frecuencia, pero nunca conocí en persona a Francisco González Ledesma a pesar de que acostumbraba a pasarse los sábados a probar el vino y los mejillones en la librería Negra y criminal, ese templo que los amantes de la novela policíaca del pintoresco barrio de la Barceloneta. Pero yo padezco una manía congénita que me empuja a escaquearme de la mayoría de los actos a los que me invitan, tiendo …

Gilipollez viral

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Aunque nadie se lo crea, yo no me había enterado de la existencia del afamado vestido a rayas sobre cuyos colores nadie parece ponerse de acuerdo hasta ayer, pero parece que más de veintiocho millones de personas han comentado, compartido o retuiteado la polémica imagen: unos dicen que el vestido es azul y otros que es dorado. Yo lo veo azul, pero qué más da si es dorado o de lunares. Lo inquietante es que tanta gente pierda el tiempo en las redes sociales por una estupidez semejante, que los telediarios dediquen su valioso espacio para hacerse eco de la tontería, que en mitad de una tertulia política los invitados pierdan el tiempo discutiendo sobre esto. Lo digo y me pregunto si no será una contradicción quejarme de algo de lo que también estoy escribiendo. Nunca miro los trending topics. Creo que me irritaría. Mi relación con las redes, ya lo he dicho alguna vez, es muy endogámica: las uso para mantener contacto con mis lectores y algunos amigos. Pero para cierta gente ser trending…