Un mundo perfecto
En un mundo perfecto debería haber una ley que prohibiera acercarse a los racistas borrachos a la Puerta del Sol o a cualquier espacio público. En un mundo perfecto tal vez existiera esa ley y además la policía se encargaría de hacerla cumplir a rajatabla. En un mundo perfecto la gente no se asustaría al ver a zoquetes uniformados con camisetas negras serigrafiadas con insignias de las Waffen SS, o luciendo músculos o lorzas y tatuajes de gusto dudoso en el torso mientras beben cerveza en la calle desnudos. No los dejarían entrar en el metro, amedrentando con sus cánticos y su falta de modales a todo el que ha tenido la mala suerte de cruzarse con ellos y no le queda más remedio que apretar los dientes y mirar para otro lado, con los dedos cruzados para que no se fijen en él. En un mundo perfecto, en lugar de a un hombre que sale del metro aterrado, la bestia borracha le daría una un manotazo y una patada a la persona equivocada, alguna que yo me sé, y se le quitarían ...