La Teoría de la Relatividad


Se cumplen estos días cien años de la formulación de la Teoría General de la Relatividad, pero uno tiene la sensación de que los postulados de Albert Einstein apenas son entendidos por unos cuantos expertos. Se les notaba a los presentadores de los magazines radiofónicos esta semana cuando algún físico entraba en directo para ilustrar a los oyentes sobre las aportaciones de Einstein a comodidades varias de nuestro día a día (la célula fotoeléctrica, el gps...). Hace justo diez años sucedió lo mismo. Entonces se cumplieron cien años de la formulación de la Teoría Especial de la Relatividad (sí, hay dos Teorías de la Relatividad…), pero al que esto escribe le contaron sus amigos físicos que, de las dos, la pata negra era la segunda, la que celebramos ahora, la que pone sobre la mesa la curvatura del espacio y el peso, hablando en plata, de la luz. 
A finales de 2005, también, el que esto escribe andaba zampándose todo lo que se publicaba sobre Albert Einstein y acorralando a sus amigos científicos con preguntas sobre el genio más famoso de la Historia. Los entendidos sostienen que Einstein no ha sido el científico más importante de todos los tiempos (ese honor le corresponde a Newton, o a Galileo), pero creo que no podrán negar que fue, y sigue siendo, el más célebre. 
Durante más de un año, hace una década, llegué a sentirme muy cerca de Albert Einstein: mi estudio estaba repleto de biografías suyas, fotos; viajé a Nueva York para localizar la casa donde firmó una carta para animar al presidente Roosevelt a construir la bomba atómica, me entrevisté con gente que lo conoció en persona y me asomé a las mismas aguas del Atlántico donde navegaba caóticamente, a menudo con una libreta en la que trataba de encontrar una fórmula que conciliase lo infinitamente grande y lo muy pequeño. Tocaba el violín, contaba chistes, fue un mal marido y un mal padre (jamás le habría presentado a mi hermana o a mi novia), pero le tocó vivir una época única de la Historia y, diez años después, cada vez que aparece una noticia sobre Albert Einstein no puedo evitar una sonrisa y, aunque no me gusta poner a competir a mis novelas entre sí, siempre digo que, de todos los libros que he escrito hasta ahora, El factor Einsteinha sido el más difícil, el que se me antojaba un reto mayor. Pero escribir una novela es un poco como hacer un máster, y eso que te llevas, porque los años pasan, los lectores vienen y luego se van, pero al final merece la pena el esfuerzo, por lo que aprendes durante el proceso de documentación, por lo que vives en la aventura que estás creando y porque antes o después llega un lector que te dice que, de todas tus novelas, ésta es su favorita

Noviembre de 2015 

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