Qué grande es Spielberg
Una de
las preguntas que los periodistas o los lectores acostumbran a
formularte cuando te ganas los garbanzos pergeñando historias es cuáles
son los elementos que debe tener una novela para llegar a la gente. Eso es
imposible saberlo, respondo (si hubiera una respuesta todos los libros
serían best sellers), pero yo creo que una novela ha de
apoyarse en tres pilares: estar bien escrita, una cuestión moral sobre la que reflexionar
y ser entretenida. Parece fácil, ¿verdad? Pues no: conseguirlo resulta mucho
más complicado de lo que parece y tal vez esté al alcance de sólo unos pocos.
El cine
que me gusta ha de contener básicamente lo mismo: una buena historia, algo
sobre lo que reflexionar y, si es posible, entretenimiento. Además
de buenas interpretaciones, fotografía, música, y todos
los aderezos que se le puedan añadir, por supuesto. Desde hace muchos
años, pocos directores me obligan a revolverme en la butaca como Steven
Spielberg: Tiburón, La lista de Schindler, Minority
report, Múnich o la última suya que he visto, El
puente de los espías. No me gustan todas sus películas, claro que no, y
estas cinco son mis favoritas. Avizoro que El puente de los espías
no será de las más taquilleras de Spielberg, pero qué importa. Tampoco
las espléndidas Minority report o Múnich lo son.
Basta la presentación de los dos personajes principales (el espía pintor y el
abogado incansable) para necesitar un babero,
la dura crítica a la propaganda antisoviética durante la Guerra
Fría o el pragmatismo tenebroso de la CIA (por más que
algunos se empeñen en criticar una mirada simplista que se resume en rusos
malos y norteamericanos buenos), o un solo plano del atribulado pero decidido
Tom Hanks (para hablar de este monstruo necesitaría otro post) en el Berlín
donde se acaba de levantar el muro.
Ya sé que
las Navidades son las fiestas más propicias para ir a ver la última de La
Guerra de las galaxias. Nada que objetar, pero no os perdáis El
puente de los espías: tiene todo lo que decía más arriba que le pido a
una película: algo que contar, es entretenida, y una cuestión moral
sobre la que reflexionar, mucho más compleja de lo que ya se adivina en cuanto
empiezas a escarbar.
© Andrés Pérez Domínguez,
diciembre de 2015
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