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Mostrando entradas de 2016

Premios polémicos

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La semana pasada se fallaron dos premios a los que a menudo acompaña la polémica: parece que a los suecos les va la marcha y, permitidme el fácil juego de palabras, Bob Dylan les ha correspondido haciéndose el sueco. Con el premio Nobel a Bod Dylan tengo sentimientos encontrados: por una parte, me parece bien que se valore la poesía convertida en canción y se popularice un galardón que demasiadas veces suele descu
brir a un autor ―a menudo por razones políticas o de justicia geográfica― antes que reconocer una carrera; por otro lado, dudo que la dimensión del poeta Bob Dylan fuera la misma sin la muleta imprescindible de la música, y eso resulta injusto para quienes batallan con la única ayuda de la pluma y el papel.
Unos pocos días después se celebró la gala de otro premio, el Planeta, que también suele ir acompañado de polémica. He de confesar que nunca había oído el nombre del finalista ni sabía de su obra, pero sí de Dolores Redondo, porque lleva vendidos muchos, muchísimos ejempla…

¿Tú qué escribes?

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Vaya por delante que la mayoría de la gente es amable, y que uno ha tenido la suerte de contar con lectores fieles desde su primera novela, que ni la prensa ni la crítica lo ha tratado mal y que, además de halagador, pocas cosas resultan más reconfortantes en este oficio que el entusiasmo de un lector agradecido. Pero he de confesar que sucede a menudo: cuando alguien te presenta, con buena voluntad añade pomposamente el calificativo de escritor, y la persona a la que acabas de conocer se queda mirándote un instante, preguntándose si tu cara o tu nombre deberían sonarle. Teniendo en cuenta la afición lectora de este país, se trata de una cuestión estadística: un encuentro casual entre un escritor y sus lectores es poco menos infrecuente que ganar la lotería. Como estás acostumbrado al ritual, ya que no has podido escaquearte, te armas con una sonrisa. Muchas veces, la persona que te acaban de presentar te pide que repitas el nombre y, como un colegial que aún no sabe vocalizar, vuelve…

Granada Noir

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Las reuniones donde se juntan varios escritores a menudo se parecen a una competición ridícula en la que, el que más y el que menos, intenta demostrar que es el más gracioso, al que agasajan con más ofertas de traducciones o adaptaciones cinematográficas de sus obras, el que más liga o el que la tiene más larga, vaya. Por haber padecido esa sensación incómoda alguna vez, he desarrollado una tendencia natural a declinar participar en la mayoría de los saraos a los que me invitan, y he de confesar, y no me da vergüenza confesarlo, que muchas veces estoy equivocado. Cuando en mayo pasado estuve en Granada, Jesús Lens y Gustavo Gómez me invitaron a volver en otoño para participar en la segunda edición de Granada Noir
Hay un par de razones por las que, a pesar de lo que apuntaba más arriba, acepté: la primera, porque de niño me enseñaron que hay que ser agradecido con quien se ha portado bien contigo, y Jesús Lens se había tomado la molestia de zamparse Los dioses cansadosy presentármelo …

Múnich

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Llego al final de una agenda como quien cierra una etapa. El número de cada página anotado en el margen superior hasta llegar a la última, la 244, y apuro las últimas líneas como si no hubiera otro cuaderno intacto esperándome. Este que clausuro ahora me ha acompañado durante los últimos nueve meses en la soledad de mi despacho o en la de la habitación de un hotel, en la mesa apartada de un bar, en un tren o a bordo de un avión (las salpicaduras de tinta, que tan mala pasada te juega cuando falta presión, lo demuestran en más de una página), en ciudades que conocía y en varias que visitaba por primera vez; palabras que me llamaron la atención y otras cuyo significado habría de buscar más tarde en un diccionario; curiosidades, notas para una novela que tengo empezada y otra de la que aún no he escrito una sola frase; una suerte de diario casi siempre incomprensible salvo para mí, como debe ser; apuntes sobre cosas que he leído, he visto o me han contado; gastos de viajes, entradas de e…

Borrar la sonrisa

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Si se te instala una sonrisa en la cara que nadie será capaz de borrar, merece la pena, ya lo creo, recorrer algo más de doscientos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para ir a ver una obra de teatro. No siempre tienes la oportunidad de sentarte en las mismas piedras de las gradas de un teatro donde hace dos mil años se sentaron otros espectadores, como tú, y tal vez también emocionados cuando flameaban las luces de las antorchas antes de empezar la función. Hay cosas que por estar tan al alcance de la mano corremos el riesgo de no darnos cuenta del privilegio que supone disfrutarlas. Alejandro Magno, que se representa esta semana en el teatro romano de Mérida, vale la pena. Eso ya lo he dicho al principio. Pero en un lugar así la función es lo de menos. Es el marco lo que verdad importa. La sonrisa imborrable en la cara, como un niño feliz. La emoción es tan intensa que no te importan los kilómetros recorridos ni los que tendrás que recorrer a la vuelta, ni el tipo tan grande

Truman

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Nunca es fácil el verano. Tampoco éste tendría por qué ser diferente. Estás a punto de salir para un viaje, no muy largo, apenas un día, y cuando llamas a la residencia donde cuidaban de Mowgli el año pasado resulta que no van a abrir, al menos de momento. Mala suerte. Cancelas el viaje, con buen ánimo, y te dices que los problemas están para solucionarlos. Pero no es tan sencillo. Como un ratoncito aplicado buceas en Internet para encontrar un lugar donde puedan acomodar a tu perro, porque ya es verano y el resto de la familia también está lejos y no puede cuidar de él. Miras las fotos de la gente que se anuncia como cuidadores de mascotas, intentas adivinar si tienen un lugar donde tu perro pueda correr, o si lo que está a su espalda es un parque. Mandas correos, llamas a algunos. Están demasiado lejos o las fotos engañan. Vivimos en un piso, te dicen, pero los fines de semana cogemos el coche y nos vamos con los perros al campo. Como el año pasado descubriste un lugar donde lo cui…

Firmas en la Feria del Libro de Sevilla

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Queridos: estaré firmando ejemplares de Los dioses cansados (y de toda mi obra, claro) en la Feria del Libro de Sevilla.
Os dejo las coordenadas:
-Sábado 30 de abril: Casa del Libro, 21-22 horas. Justo antes, a las 20 horas, será la presentación en la Pérgola y habrá una copa de Barbadillo para los asistentes.
-Domingo 1 de mayo: El corte inglés, 13-14 horas.
-Sábado 7 de mayo: Beta, 20-21 horas y Palas, 21-22 horas.

Nos vemos en la feria.


Los dioses cansados (presentación en Sevilla)

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Queridos: el próximo 30 de abril, sábado, a las 20 h será la puesta de largo en Sevilla de Los dioses cansados, en la Feria del Libro. El presentador será Cristóbal Cervantes, a quien ya he puesto en el compromiso de presentarme y entrevistarme en público varias veces (para eso están los amigos): la primera, hace 12 años, cuando se publicó La clave Pinner. Y, ahora que caigo, desde enero de 2008, cuando los dos mantuvimos una charla con los lectores para dar a conocer El factor Einstein, no presentamos una novela en Sevilla, así que ya iba tocando, y Los dioses cansados es algo especial... Pues eso: será una excusa para que todo el que quiera se acerque y hablemos de libros. Además, habrá una copa de Barbadillo para los asistentes. Esa misma noche estaré firmando en la caseta de Casa del Libro, y también volveré a firmar el domingo 1 y el sábado 7 de mayo. No digáis que no os he avisado con tiempo...  Nos vemos en la Feria del Libro.

Big time: la gran vida de Perico Vidal

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Desde que tengo memoria compro libros aunque sepa que no los voy a leer inmediatamente. Los libros, cada vez más, igual que la ropa pasan de moda y son sustituidos por otros para que los escaparates y las mesas de novedades luzcan siempre lo último, y vuelta a empezar. Los compro porque me interesan, porque me han llamado la atención y también, a veces, por capricho. El libro que acabo de terminar lo compré hace un par de años, cuando buscaba alguna información sobre Frank Sinatra para una historia que tengo en la cabeza y no sé si escribiré. Había ocupado su sitio en la parte de la estantería, cada vez más abarrotada, donde están los libros pendientes de lectura. Corregí una novela, terminé otra y también la corregí, hubo muchas lecturas, viajes y experiencias vividas entre tanto, hasta que hace un par de días, justo al acabar de leer un libro y devolverlo a su sitio, y cuando ya había elegido otro para empezar, me encontré pasando el índice por el lomo de Big time:la gran vida de Pe…

Los dioses cansados (entrevista)

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Queridos: ésta es la entrevista que mis editores han preparado para el dossier de prensa que acompañará a Los dioses cansados. En ella podéis encontrar algunas claves de la novela, del autor... La próxima semana estará en las librerías. Si os apetece saber más de Los dioses cansados, aquí os la dejo:Los dioses cansados Entrevista a Andrés Pérez Domínguez
P. ¿Es una novela negra Los dioses cansados? Se lo digo porque, al leer varias reseñas de libros suyos, observo que en muchas ocasiones los lectores y los críticos no se ponen de acuerdo sobre cómo catalogar su obra: novelas de espías, históricas, de aventuras, thrillers, negras...
R. En mi opinión, esa aparente confusión es un valor. Desde que publiqué La clave Pinner, hace doce años, siempre llega un momento en que se produce un debate muy interesante con los editores sobre en qué colección encajar el libro que me van a publicar: narrativa, misterio, histórica, aventuras, thriller... Pero es un dilema que no me afecta: cuando me sient…

Los dioses cansados

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Queridos: como soy un hombre de palabra, aquí tenéis el texto de la contraportada de "Los dioses cansadosEmoticonoValeria Ciompi, mi editora en Alianza, decía el otro día en una entrevista, que se trata de una "falsa novela policíaca que recoge el latido de la sociedad actual, de muchas de sus perplejidades y de historias que hunden sus raíces en el pasado..." Espero que os guste. Ya falta poco, apenas un par de semanas, para que esté en las librerías...


Queridos: como soy un hombre de palabra, aquí tenéis el texto de la contraportada deLos dioses cansados.
Valeria Ciompi, mi editora enAlianza, decía el otro día en una entrevista que se trata de una "falsa novela policíacaque recoge ellatido de la sociedad actual, de muchas de sus perplejidades y de historias que hunden sus raíces en el pasado..." Espero que os guste. Ya falta poco, apenas un par de semanas, para que esté en las librerías...
"Cuando el inspector Nicolás Gallardo regresa a Sevilla después de …

Ojos Tristes

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El premio "Max Aub" de cuentos celebra esta primavera su trigésimo aniversario. Yo tuve la suerte de ganarlo dieciséis años atrás, y hace dos formé parte del jurado. Paco Tortajada, el director de la fundación "Max Aub", me ha pedido un texto para incluirlo en un libro conmemorativo. Lo comparto con vosotros. Ojalá que mi experiencia pueda aportar algo a los escritores que están empezando. (la foto que ilustra el post me la hizo un fotógrafo de El Mundo al día siguiente de ganar el premio...) Las cosas importantes suceden cuando menos te lo esperas. En el año 2000 llevaba mucho tiempo empeñado en vivir de lo que escribía, llamaba a puertas que nunca se abrían y guardaba en un cajón el esbozo de una historia que no me decidía a empezar porque temía malograrla. Cuatro años antes había escrito una novela que tiré a la basura y tenía a buen recaudo muchos cuentos que no me atrevía a enseñar más que a ciertas personas muy queridas. Pero a principios de 1999 me había dicho…

Volver

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Admiro a la gente que se calza unas zapatillas de deporte, se pone un pantalón y se enfunda en una camiseta para salir a correr. Hacer running, como dicen ahora los modernos. Hace mucho que tiré la toalla. Más que cansarme, me aburre correr. Lo curioso es que soy capaz de pasarme horas andando a buen ritmo o pedaleando sin rumbo por senderos poco transitados. Este año, en otoño, hará treinta y cinco años que pisé el tatami de una escuela de karate por primera vez. Con los altibajos normales de tres décadas y media, desde los doce años llevo practicando este arte en el que nunca dejas de aprender, a menudo sobre ti mismo porque, a poco que quieras progresar, más que un reto continuo resulta una deliciosa obsesión. Nunca me ha interesado competir, y que ahora lleve un cinturón negro se debe más a la insistencia de mi maestro que a mi voluntad. El cinturón sólo sirve para amarrarse el karategui; un karateka “tiene” tal o cual cinturón, no “es” amarillo, naranja o negro. Recuerdo con una s…

François Cluzet

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Tal vez lo he visto en alguna película antes, pero no lo recuerdo. Diré entonces que la primera vez que supe de la existencia de François Cluzet fue en la estupenda versión francesa de la novela del norteamericano Harlan Coben, No se lo digas a nadie. Las siguientes fueron Pequeñas mentiras sin importancia, Intocable, Rencontrar el amoryEn solitario.  Será porque yo a este tipo me lo creo en en cualquier personaje, el sábado, zapeando para esquivar el fútbol y los debates televisivos de los que cada vez estoy más cansado, solté al mando sin pensarlo al conectar la 2 porque empezaba otra película suya: Crónica de una mentira. Me lo creo siempre, decía, aunque no me gusten todas sus películas, y Reencontrar el amor e Intocable no me agradan tanto como las otras. Pero da gusto verlo. Da igual que sea un médico desquiciado por la desaparición de su mujer (No se lo digas a nadie), el adinerado y neurótico líder ―o es lo que él se cree― de un grupo de amigos de vacaciones (Pequeñas mentiras…

Empatía

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Por muchos años que pasen jamás me acostumbraré a esto, me dice la veterinaria cuando entra en la consulta. Tiene los ojos enrojecidos. Unos pocos minutos antes, al sentarme en la sala de espera, dos chicas salían de la clínica sollozando. No hay que hacer muchas cábalas porque el ambiente es de velatorio. Una perra con quince años, me cuenta, antes de examinar a Mowgli. Hay que sacrificarla. Hemos luchado hasta al final por ella, pero ya no podemos hacer nada. Mi perro lleva todo el rato más tranquilo de lo que acostumbra en el veterinario, y es raro, porque el festival de olores y la presencia de otros perros suele trastornarlo. En la consulta también. Alguna vez, cuando le han mirado las orejas o ha habido que sacarle sangre se ha revuelto como un tigre y he tenido que sentarme encima de él para que no dejara la habitación igual que después de un terremoto sin supervivientes. La veterinaria también se extraña de su tranquilidad y se agacha para ver cómo está. Siempre lo hace en el …

La jubilación de los escritores

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Vaya por delante que nadie nos obliga a escribir. Que lo de inventar historias o pergeñar poemas es un ejercicio voluntario y el sueño de llegar a vivir del oficio resulta tan legítimo como quimérico. Sospecho que la mayoría de la gente no sabe de lo azaroso de este trabajo, de la incertidumbre que acompaña al creador cuando se sienta a imaginar historias, mientras las escribe, durante meses, años; cuando espera el fallo de algún premio que tal vez le cambie la vida o la respuesta de un editor que apueste por él y quizá nunca lo llame; el gusanillo angustioso de no saber si a los lectores, si tiene la fortuna de contar con lectores, les gustará su trabajo y comprarán su próximo libro; los meses, años también, que pasan hasta recibir la primera liquidación del editor, (un jeroglífico que suele aparecer con saldo negativo) y la duda constante de si merece la pena tanto esfuerzo. Ya digo: nadie nos obliga a escribir, y no hay duda de que la nuestra es una profesión prescindible, pero con…