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Mostrando entradas de marzo, 2016

Los dioses cansados

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Queridos: como soy un hombre de palabra, aquí tenéis el texto de la contraportada de "Los dioses cansadosEmoticonoValeria Ciompi, mi editora en Alianza, decía el otro día en una entrevista, que se trata de una "falsa novela policíaca que recoge el latido de la sociedad actual, de muchas de sus perplejidades y de historias que hunden sus raíces en el pasado..." Espero que os guste. Ya falta poco, apenas un par de semanas, para que esté en las librerías...


Queridos: como soy un hombre de palabra, aquí tenéis el texto de la contraportada deLos dioses cansados.
Valeria Ciompi, mi editora enAlianza, decía el otro día en una entrevista que se trata de una "falsa novela policíacaque recoge ellatido de la sociedad actual, de muchas de sus perplejidades y de historias que hunden sus raíces en el pasado..." Espero que os guste. Ya falta poco, apenas un par de semanas, para que esté en las librerías...
"Cuando el inspector Nicolás Gallardo regresa a Sevilla después de …

Ojos Tristes

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El premio "Max Aub" de cuentos celebra esta primavera su trigésimo aniversario. Yo tuve la suerte de ganarlo dieciséis años atrás, y hace dos formé parte del jurado. Paco Tortajada, el director de la fundación "Max Aub", me ha pedido un texto para incluirlo en un libro conmemorativo. Lo comparto con vosotros. Ojalá que mi experiencia pueda aportar algo a los escritores que están empezando. (la foto que ilustra el post me la hizo un fotógrafo de El Mundo al día siguiente de ganar el premio...) Las cosas importantes suceden cuando menos te lo esperas. En el año 2000 llevaba mucho tiempo empeñado en vivir de lo que escribía, llamaba a puertas que nunca se abrían y guardaba en un cajón el esbozo de una historia que no me decidía a empezar porque temía malograrla. Cuatro años antes había escrito una novela que tiré a la basura y tenía a buen recaudo muchos cuentos que no me atrevía a enseñar más que a ciertas personas muy queridas. Pero a principios de 1999 me había dicho…

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Admiro a la gente que se calza unas zapatillas de deporte, se pone un pantalón y se enfunda en una camiseta para salir a correr. Hacer running, como dicen ahora los modernos. Hace mucho que tiré la toalla. Más que cansarme, me aburre correr. Lo curioso es que soy capaz de pasarme horas andando a buen ritmo o pedaleando sin rumbo por senderos poco transitados. Este año, en otoño, hará treinta y cinco años que pisé el tatami de una escuela de karate por primera vez. Con los altibajos normales de tres décadas y media, desde los doce años llevo practicando este arte en el que nunca dejas de aprender, a menudo sobre ti mismo porque, a poco que quieras progresar, más que un reto continuo resulta una deliciosa obsesión. Nunca me ha interesado competir, y que ahora lleve un cinturón negro se debe más a la insistencia de mi maestro que a mi voluntad. El cinturón sólo sirve para amarrarse el karategui; un karateka “tiene” tal o cual cinturón, no “es” amarillo, naranja o negro. Recuerdo con una s…