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Mostrando entradas de octubre, 2016

Premios polémicos

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La semana pasada se fallaron dos premios a los que a menudo acompaña la polémica: parece que a los suecos les va la marcha y, permitidme el fácil juego de palabras, Bob Dylan les ha correspondido haciéndose el sueco. Con el premio Nobel a Bod Dylan tengo sentimientos encontrados: por una parte, me parece bien que se valore la poesía convertida en canción y se popularice un galardón que demasiadas veces suele descu
brir a un autor ―a menudo por razones políticas o de justicia geográfica― antes que reconocer una carrera; por otro lado, dudo que la dimensión del poeta Bob Dylan fuera la misma sin la muleta imprescindible de la música, y eso resulta injusto para quienes batallan con la única ayuda de la pluma y el papel.
Unos pocos días después se celebró la gala de otro premio, el Planeta, que también suele ir acompañado de polémica. He de confesar que nunca había oído el nombre del finalista ni sabía de su obra, pero sí de Dolores Redondo, porque lleva vendidos muchos, muchísimos ejempla…

¿Tú qué escribes?

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Vaya por delante que la mayoría de la gente es amable, y que uno ha tenido la suerte de contar con lectores fieles desde su primera novela, que ni la prensa ni la crítica lo ha tratado mal y que, además de halagador, pocas cosas resultan más reconfortantes en este oficio que el entusiasmo de un lector agradecido. Pero he de confesar que sucede a menudo: cuando alguien te presenta, con buena voluntad añade pomposamente el calificativo de escritor, y la persona a la que acabas de conocer se queda mirándote un instante, preguntándose si tu cara o tu nombre deberían sonarle. Teniendo en cuenta la afición lectora de este país, se trata de una cuestión estadística: un encuentro casual entre un escritor y sus lectores es poco menos infrecuente que ganar la lotería. Como estás acostumbrado al ritual, ya que no has podido escaquearte, te armas con una sonrisa. Muchas veces, la persona que te acaban de presentar te pide que repitas el nombre y, como un colegial que aún no sabe vocalizar, vuelve…

Granada Noir

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Las reuniones donde se juntan varios escritores a menudo se parecen a una competición ridícula en la que, el que más y el que menos, intenta demostrar que es el más gracioso, al que agasajan con más ofertas de traducciones o adaptaciones cinematográficas de sus obras, el que más liga o el que la tiene más larga, vaya. Por haber padecido esa sensación incómoda alguna vez, he desarrollado una tendencia natural a declinar participar en la mayoría de los saraos a los que me invitan, y he de confesar, y no me da vergüenza confesarlo, que muchas veces estoy equivocado. Cuando en mayo pasado estuve en Granada, Jesús Lens y Gustavo Gómez me invitaron a volver en otoño para participar en la segunda edición de Granada Noir
Hay un par de razones por las que, a pesar de lo que apuntaba más arriba, acepté: la primera, porque de niño me enseñaron que hay que ser agradecido con quien se ha portado bien contigo, y Jesús Lens se había tomado la molestia de zamparse Los dioses cansadosy presentármelo …