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Mostrando entradas de junio, 2017

La dificultad

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Un amigo me preguntaba hace un par de días por mi nueva novela. Chasqueé la lengua, incómodo, sacudí la cabeza. Ahí ando, le respondí, que es lo máximo que acostumbro a contar cuando estoy atascado, no sólo en el trabajo, sino en la vida en general. No suelo dar muchas explicaciones. Por coherencia, tampoco las pido. Pero Alfonso es un chaval al que aprecio y me explayé un poco: estoy peleándome con ella, añadí; ya veremos quién gana... Alfonso, que además es compañero de tatami, sonreía, convencido de mi victoria mucho más de lo que yo puedo estarlo. No creo haber escrito nunca un libro, y ya van unos cuantos, sin que la incertidumbre y el desánimo estén ahí agazapados, esperando a que bajes la guardia. Aún queda la mitad del trabajo por hacer, pero hay días que me cuesta avanzar ―el calor y el verano no ayudan― porque se me ocurren o descubro cosas nuevas y para hacerles hueco he de descartar otras ya escritas y encajadas. Es un continuo cambio de párrafos estos días, de añadir pers…

El sofá de los raros

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Sala de espera de un hospital. Tengo que buscar acomodo mientras le hacen una prueba a una persona muy querida. Es la tercera planta, con vistas al campo, tan lejos del bullicio de abajo que casi parece la recepción de un hotel vacío. Sólo falta el hilo musical. Uno de los sofás está frente a la cristalera por la que pueden verse varios huertos, con líneas de olivos verdeazulados, terrones secos y alguna envidiable piscina. La estampa cualquiera del campo andaluz en esta época del año: calor y encanto, sudor y alegría. Me acomodo en ese sofá, el sitio perfecto para aislarte. Sólo hay tres o cuatro personas. Todas móvil en mano. Pongo el mío en vibrador, como si a alguien le importara que suene, y mi hermana me llama para preguntar si todo bien. La informo y abro un libro, de espaldas a los que pasan el dedo por la pantalla del móvil para no perderse una conversación por whatsapp, para no dejar de estar al día en las redes sociales. Siento que cualquiera que me mire va a pensar que me …

La ternura infinita

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Tendrá ochenta años, quizá un poco más. Renqueando, se sienta a mi lado, en el banco del andén donde espero el cercanías. Para variar, yo he llegado pronto. Estoy contento porque el médico me ha dado una buena noticia (mis rodillas están en perfecto estado y puedo seguir practicando karate otros treinta y cinco años, por lo menos...) y para aprovechar el tiempo he abierto, lápiz en mano, un libro sobre el penoso exilio de Lev Trotsky mientras Stalin y los suyos le hacían la vida imposible. Hace poco acaba de salir un tren, el del anciano que me acompaña. Si tuviera veinte años, murmura, para sí, pero en realidad me está hablando a mí, no se me habría escapado el tren. Ni con cuarenta, insiste, mirando de reojo la portada del libro que tengo en las manos sin conseguir descifrarla, me temo. Sin cerrarlo, dejo de leer. Sonrío, le doy la razón con un leve movimiento de cabeza. El pantalón gris, la camisa blanca, las alpargatas, el acento cerrado y la dirección en la que acaba de partir el…

22/11/63

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A estas alturas, decir que Stephen King es un genio resulta una obviedad tan manida como prescindible, sobre todo cuando hasta muchos de sus detractores se han ido rindiendo a su talento. El novelista de Portland podrá gustar o no, como cualquier escritor, pero no creo que mucha gente, por muy estirada que sea, ponga en tela de juicio su ingenio. El Stephen King que más me gusta no es el terrorífico, aunque Misery me parece, a pesar del miedo que recuerdo, una obra maestra. El Stephen King que me conquista es el que ambienta sus tramas en décadas pasadas, con guiños constantes a su juventud o a su infancia. Y, también, como no, el de Rita Hayworth and Shawshank redemption o La milla verde.
De los últimos años cincuenta y de los primeros años sesenta trata sobre todo 22/11/63. Como tantos otros libros, tenía esta novela esperando en la estantería desde hace mucho tiempo. Creo que se publicó en España en 2012, así que no es una novedad, ni falta que le hace. Pocos lectores no conocerán a…

La incertidumbre

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En una entrevista, hace muchos años, recuerdo a Steven Spielberg confesando que hacer películas era un trabajo muy frustrante porque, al rodarlas, nunca te salían como lo habías planeado. Mucho tiempo después, Pedro Almodóvar contó algo parecido: cada vez que empezaba a rodar una película sentía que no sabía cómo hacerla. La experiencia no parece servir de mucho cuando la creatividad y el azar son parte inseparable del trabajo. Hace apenas una semana, en una entrevista conjunta a Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías, este último manifestaba que cuando está escribiendo una novela lo asaltan dudas terribles: ¿le gustará a los lectores? ¿Me la publicarán?¿Me la publicarán? se preguntaba Javier Marías, por más que a más de uno le dé (nos dé) la risa al imaginarlo. Parece mentira, pero es posible que dijera la verdad. Literariamente hablando, y si nos ceñimos a las ventas y al número de personas que conoce tu trabajo, yo soy un escritor de clase media (aunque la clase m…