Un viejo cascarrabias
Voy camino de acabar siendo un viejo cascarrabias.
No puedo hacer nada por evitarlo. Me molestan los ruidos, el bullicio, los
lugares multitudinarios, las caravanas para ir a la playa y cada vez tengo
menos paciencia con los cantamañanas. Pero, para ser sincero, de
jovencito también me molestaban estas cosas. Aunque no recuerdo bien si antes
me incomodaban tanto las prisas; la urgencia que los demás
quieren transmitirte, quiero decir. Será cosa de estos tiempos (sí, ya lo sé:
es la frase típica de un gruñón amargado y anticuado, pero lo avisé en
la primera frase): todo tiene que ser inmediato, cuanto antes, para ayer si
puede ser. Lo del atentado en Barcelona hace dos días es una muestra
triste (y preocupante para un futuro viejo misántropo) de la puñetera
urgencia por contarlo todo y por saberlo todo. Para enterarse de lo que está
pasando basta tener un móvil y conectarse a las redes sociales donde
miles de personas, con mejor o peor criterio, estarán encantadas de informar.
Todo sucede tan rápido (los acontecimientos, la información), que los medios de comunicación,
para no quedarse atrás, también se contagian de esas prisas y recogen lo que
dicen las redes, lo acertado y lo desacertado, lo interesante y el humo. Conducía la otra noche mientras escuchaba en la radio las
diferentes versiones de lo que había pasado: después del atropello, dos terroristas
se habían atrincherado en un bar con rehenes, el conductor de la furgoneta
había aparecido muerto en un coche que se saltó un control, pero resulta que
luego el conductor era otro y había muerto en un tiroteo posterior...
Hasta el propio jefe de los mossos ha tenido que desmentir varios de
estos bulos. No hagáis mucho caso a lo que oigáis sobre el atentado todavía,
les dije a unas personas durante una cena esa noche. Es que lo han dicho en la
tele, replicaron, como si a estas alturas los medios de comunicación fueran un
canal infalible. Algunos periodistas también se contagian de
las prisas y vocean noticias sin contrastarlas. Echo de menos los tiempos en
los que, cuando pasaba algo, la única forma de informarte era corriendo la mañana
siguiente al kiosko para comprar un periódico. Pero es que, y es la
cuarta vez que lo digo, voy camino de ser un viejo cascarrabias.

Comentarios