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Mostrando entradas de 2018

El mejor lector

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Suelo acotar mis periodos vitales entre efemérides, casi siempre personales. Hace diecisiete años puse el punto final a La clave Pinner y ahora, pocos días después de haber finiquitado una nueva novela con el mismo protagonista, mi querido Gordon Pinner, no es raro que me pare a mirar estas dos décadas mal contadas, desde la recién rebasada barrera de los treinta hasta los no tan lejanos cincuenta. Mucho antes de la primavera de 2001 había tomado la decisión de entregar mi vida a un oficio tan desconocido como estimulante. Casi veinte años después, aún me sigue pareciendo un oficio extraño y más complicado todavía el negocio de los libros. No recuerdo si todo ha sido como lo imaginé porque no recuerdo muy bien lo que imaginé. Supongo que ha sido diferente, simplemente. Siempre lo es. Pero estos días recuerdo con gran intensidad la sensación al terminar La clave Pinner. Antes de empezar esa novela había escrito muchos relatos cortos y varias novelas breves. Algunos de estos textos tuvi…

Paco Camarasa

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Cuando todavía me lamentaba por la muerte de Philip Kerr me he enterado de que también se nos ha ido Paco Camarasa. Qué jodida casualidad que las últimas entradas que escribo en el blog sean dos necrológicas. Mucha gente no sabrá de quién hablo. Sin embargo, para otros ―lectores, sobre todo― Paco era el librero de referencia en España, un país donde hay más escritores que lectores: cada día tengo menos dudas. Su librería Negra y criminal era lugar de paso obligado para todos los autores que de alguna manera ―aunque sea tangencial o esporádica, como en mi caso― nos hemos acercado al género en nuestras obras. Sólo lo vi unas pocas veces, pero siempre fue amable y generoso conmigo. La primera vez, en una Semana Negra de Gijón, al frente de su puesto de libros en el festival asturiano. Le dije que quería comprar una de esas camisetas negras molonas con el nombre de la librería serigrafiado. Para tener una, me dijo, has de venir un día a la librería y te haremos una foto. La foto me le hi…

Adiós a Bernie Gunther

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Esta mañana me he enterado de la muerte de Philip Kerr y he sentido la misma pena que si hubiera perdido a un amigo. Mi querido Óscar Oliveira me ha llamado para contármelo. Se lo ha llevado un cáncer a los sesenta y dos años recién cumplidos. Desde que lo descubrí gracias a las recomendaciones de otro querido amigo, Gregorio León, le he dedicado varias entradas en este blog. No se trata hoy de repetirme, no me apetece. Aún me faltan por leer dos novelas de la serie del gran Bernie Gunther y hoy he sabido que hay otras dos pendientes de publicación en España. He aprendido y sobre todo he disfrutado con los libros de Philip Kerr. No se me ocurre una manera mejor de rendirle tributo que leyéndolo, pero ahora, por desgracia, será de un modo diferente porque sé que los cuatro libros que me faltan serán los últimos protagonizados por el detective Bernie Gunther. Es igual que tener unas pocas botellas de un vino delicioso que ya no se volverá a vender y dudar entre abrirlas o guardarlas par…

Alegrías de domingo

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Termino estos días —más bien estas semanas, espero que no meses— una novela en la que llevo sumergido mucho tiempo. La trama está cerrada, sé todo lo que pasa —casi todo, mejor dicho—, pero voy corrigiendo muy despacio el último borrador, entreteniéndome en lo que no me convence el tiempo que haga falta. Como en una montaña rusa —lo de rusa es literal, porque buena parte de la trama sucede en Rusia—, hay capítulos que ventilo en un día; sin embargo hay semanas en las que, con suerte, no consigo apuntalar más de uno. El insomnio se ha convertido en un inevitable compañero habitual y las jornadas de trabajo, cada vez más largas, se dividen entre las que el desánimo gana terreno y te planteas seriamente si merece la pena tanto esfuerzo para escribir algo que tal vez nadie querrá leer, que incluso ningún editor, nunca se sabe, querrá publicar; y las que, a lo mejor porque luce el sol, eres un poco más benévolo contigo mismo y te dices que, al cabo, no lo haces tan mal. Estos días me traía…

La felicidad de la tierra

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Hay un libro de Manu Leguineche cuyo título recuerdo a menudo: La felicidad de la tierra. Lo tuve en mis manos, hace muchos años, cuando se publicó, pero no lo compré. Luego lo he visto alguna vez en puestos de saldo, creo que se ha reeditado hace poco. Al final acabaremos encontrándonos, seguro. Paseo tanto por el campo andaluz que el título del libro adquiere una resonancia especial, un significado puede que distinto al que quieren expresar sus páginas, pero me da lo mismo. Hace muchos años, cuando empecé a publicar, algunos amigos me sugerían que me fuese a vivir a Madrid, o a Barcelona. No digo que no tuvieran razón. En Madrid, argumentaban, parte de tu trabajo sería acudir a saraos literarios, dejarte ver, conocer a otros escritores, editores, gente de eso tan confuso y engañoso llamado mundillo literario. Pero nunca lo hice, ni siquiera me lo planteé. No sé si obré bien o mal, pero no me gusta alternar, y mucho menos me gusta pasar la mano por el hombro a nadie, ni que me la pas…