Alegrías de domingo


Termino estos días —más bien estas semanas, espero que no meses— una novela en la que llevo sumergido mucho tiempo. La trama está cerrada, sé todo lo que pasa —casi todo, mejor dicho—, pero voy corrigiendo muy despacio el último borrador, entreteniéndome en lo que no me convence el tiempo que haga falta. Como en una montaña rusa —lo de rusa es literal, porque buena parte de la trama sucede en Rusia—, hay capítulos que ventilo en un día; sin embargo hay semanas en las que, con suerte, no consigo apuntalar más de uno. El insomnio se ha convertido en un inevitable compañero habitual y las jornadas de trabajo, cada vez más largas, se dividen entre las que el desánimo gana terreno y te planteas seriamente si merece la pena tanto esfuerzo para escribir algo que tal vez nadie querrá leer, que incluso ningún editor, nunca se sabe, querrá publicar; y las que, a lo mejor porque luce el sol, eres un poco más benévolo contigo mismo y te dices que, al cabo, no lo haces tan mal. Estos días me traía de cabeza encontrar una dirección en el París de los años 30. Si no daba con ella, ya tenía decidida la forma de arreglarlo. Hay muchas formas de resolver estos asuntos, trucos nobles e innobles, pero esta mañana, tras gastar varios días buceando en Internet, por pura casualidad he encontrado lo que buscaba y tres o cuatro cosas más que no esperaba. Ya conozco el lugar exacto de París donde sucede un capítulo fundamental —¿cuál no lo es?— de la novela y unos cuantos detalles más que me darán para añadir un nuevo capítulo que reforzará la trama.

Uno escribe y también busca, pero la mayor parte del tiempo avanza a tientas y es muy difícil encontrar un tesoro. Por eso la alegría de esta mañana de domingo, laborable para quienes sufrimos el castigo del perfeccionismo, la sonrisa de satisfacción del investigador que resuelve un caso muy complicado. Hoy es unos de esos días inesperados en los que sientes un cosquilleo en la barriga al darte cuenta de que, después de todo, este oficio extraño merece la pena.



© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2018

Comentarios

rafael fajardo gonzalez ha dicho que…
Ánimo, ya llegas al final y de nuevo a comenzar otra. Un abrazo.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Pues sí, Rafael. Ya tengo otra novela en la cabeza. Deseando empezarla estoy. Abrazo de vuelta.