Ruido
Me puse el reto de terminar el primer borrador antes de que acabara agosto. No por nada en particular, sino por probarme a mí mismo, otra vez, otra de tantas, porque de cuando en cuando me gusta demostrarme que soy capaz. Y porque pocas cosas me motivan más que cuando me dicen que algo no es posible. Entonces se me activa una especie de mecanismo infantil que responde: ¡¿Cómo que no?! Y ahí es cuando se lía todo. Felizmente, digo. Han sido dos meses sin parar, muchas horas todos los días, sin descansar ni uno solo. Al final nunca sé muy bien por qué lo hago si a estas alturas de la película no creo tener nada que demostrar, y mucho menos a mí mismo, pero la vocación es eso: escribir no es más que sentarte todos los días, incluso cuando no tienes ganas, cuando no sale, cuando estás cansado o cuando preferirías hacer cualquier otra cosa. Que no os cuenten milongas. Todo lo demás es ruido. Mi nueva impresora acaba de escupir un borrador de quinientas diecinueve páginas en veinticinco capí...