El tío Gilito del tinto de verano
Soy todo lo contrario a un gourmet. Lo he dicho muchas veces y además puedo demostrarlo. Cuando el camarero descorcha una botella de vino, sirve un poco en mi copa y espera con solemnidad a que lo pruebe, siempre le digo que no hace falta, que estará bueno. Para qué perder el tiempo. Por suerte tengo buenos amigos que saben bastante más de vinos que yo —de vino y de muchas otras cosas— y me dejo aconsejar. El otro día, sin ir más lejos, Rafa y yo liquidamos un par de botellas de un excelente vino italiano. Habrían sido tres de estar Juan, pero Juan andaba en otros menesteres y tampoco me voy a poner a contar su vida. A lo que iba: el otro día fui al supermercado a comprar tinto de verano. Me gusta el tinto de verano. Ya sé que estamos en septiembre y que las vacaciones se han acabado, aunque yo todavía no las haya empezado, pero con el termómetro a cuarenta grados considero que, mientras se pueda freír un huevo sobre el capó del coche, todavía conservo el derecho a beber lo que me dé l...