Los escritores no somos gente honrada
A los escritores no se nos puede contar nada. Conviene saberlo antes de sentarse con uno a tomar café, confiarle una desgracia familiar, una infidelidad, ese episodio vergonzoso durante las vacaciones o una frase pronunciada hace treinta años y que todavía recordamos. La vida de nadie está del todo a salvo de lo que escribimos. Pensaba en esto hace unos días al ver una noticia sobre Natalie Portman. La actriz, a la que yo tenía un poco desaparecida aunque recuerdo unas cuantas películas estupendas en las que salía, anda enfangada en una polémica literaria por Life of M , la nueva novela de Rachel Cusk. No he leído nunca a Cusk, así que poco puedo decir de ella, pero al parecer su protagonista guarda suficientes semejanzas con Portman como para que mucha gente haya decidido que es Portman aunque se llame M. A partir de ahí viene todo lo demás: dónde termina la ficción, dónde empieza la vida de una persona real y hasta qué punto basta cambiar un nombre para que alguien deje de ser quien ...