El club de los poetas muertos
Lo he contado muchas veces: me gusta ir al teatro cuando estoy en Madrid. Manías que tiene uno. A pesar de haber visto la película cuando la estrenaron en el cine (puede que la haya vuelto a ver alguna vez), o quizá por eso, sentía curiosidad por la versión teatral. Conservaba un recuerdo muy nítido de John Keating, ese profesor que animaba a sus alumnos a subirse a los pupitres para ver el mundo de otra manera, cambiar de perspectiva, dar la vuelta a los argumentos, desconfiar de lo que todo el mundo daba por sentado, cuestionarse a uno mismo sin cesar; pensar, en definitiva. Los buenos profesores, creo, son los que te enseñan a pensar por tu cuenta, más allá de lo que puedas aprender de memoria para aprobar un examen. Alguno tuve, por fortuna. Más de uno, en realidad. No ha estado tan mal la vida, después de todo. No cabía un alfiler en la representación de El club de los poetas muertos . Lo bueno de la versión teatral es que es la película y al mismo tiempo no lo es. Jua...