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Fútbol

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Las finales se repiten mientras las hojas del calendario se despegan como si un silencioso árbitro implacable me fuera descontando páginas de la vida. Van cambiando las circunstancias en cada final (las mías, digo), pero otras se mantienen. En 2010 andaba en los últimos coletazos de la promoción de una novela por la que me conocieron muchos lectores, ya tenía buena parte de otra pergeñada entre aeropuertos y estaciones y todavía no sabía quién era Shakira.  No soy futbolero pero, si las circunstancias no lo impiden (y quién sabe si no, tal y como está el panorama) veré la final el domingo. Hace dieciséis años conduje un montón de kilómetros por una carretera con demasiado tráfico dominical para ver el partido con la familia. Dos años antes conduje en otra dirección pero también con mucho tráfico de domingo para ver la final de la Eurocopa en casa de unos amigos. En 2012, tras ponerme en carretera otra vez, me quedé dormido durante el partido y cuando desperté España le había colado...

El pistolero

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Juan Antonio deja escapar un suspiro, un resoplido, en realidad, resultado más de la costumbre que del enfado. Joder, Andrés, pero si tú eres un pistolero, me dice. La frase tiene esa mezcla de guasa y resignación que sólo emplean quienes te conocen bien. Me echo a reír y le doy la razón. Total, llevamos toda la tarde trasegando buen vino con nuestro querido Rafa, que ya se ha marchado pero también sostendría que, cuando el objetivo merece de verdad la pena, o cuando me la merece, paso demasiado tiempo estudiando el terreno, calculando la distancia, esperando un viento que nunca cambia. Tantas vueltas doy antes de apretar el gatillo que, para cuando me decido, si es que me decido, el duelo ya ha terminado o el premio ha cambiado de dueñ o.  En cambio, cuando no me importa demasiado desenfundo con una facilidad sorprendente. Y, para colmo, casi siempre acierto. No deja de ser una  ironía , tal vez una ironía cruel, que la punter ía no suela fallar cuando la diana me da más o me...

El último mohicano

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Menuda puesta de sol, ¿verdad, Hawkeye? Más quisieran los atardeceres playeros que inundan Instagram estos días. Qué bien lo pasé viendo vuestra película. Alguna crítica se sorprendía de que Michael Mann, el director de Miami vice, estuviese al frente de un proyecto así. La vi en el cine y cada vez que vuelvo a verla me retuerzo en el asiento durante los últimos doce minutos. Un ejemplo perfecto de clímax continuo donde la tensión no deja de crecer hasta el final mientras contienes la respiración. Es, sencillamente, perfecto, sin un puto diálogo y con esa música. Desde que Duncan, el oficial inglés estirado, te la juega cuando has decidido sacrificarte en la hoguera para salvar a Cora. Je suis Le Longue Carabine! , gritó, para que lo quemasen a él en lugar de a ti.  Igual de haber sabido francés todo habría sido distinto. Luego tú lo alivias de las llamas con un disparo en la frente. A quién le iba a sorprender ya tu puntería. Pero si ibas cargándote desde el fuerte a todos los que...

La separata

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He estado haciendo algunos cambios en el blog. Nada grave, sobre todo porque mis habilidades tecnológicas son las de un chimpancé con acceso al panel de administración, con la única diferencia que el mono sería un poco más prudente antes de pulsar una tecla al azar.  La separata  nació hace la friolera de dieciocho años. El nombre, lo he contado muchas veces, es mérito de mi apreciado Cristóbal Cervantes, que bautizó así la sección de opinión con la que castigaba cada semana a los oyentes en la desaparecida Punto Radio. No tenía ni idea de cómo crear un blog (lo que decía antes sobre el chimpancé es cierto), pero como compenso las carencias con mucha voluntad conseguí armarlo y, además de los artículos que escribía cada semana, también fui recogiendo otros más antiguos, de cuando hacía lo mismo en Onda Cero, en El Correo de Andalucía o en algunas webs que confiaron en un desconocido escritor una década antes. El más antiguo de estos textos es de 1999. El más reciente, de hace ...

Vicios ocultos (segunda temporada)

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Algunos finales deberían prohibir una segunda temporada. El de  Vicios ocultos  pertenece a esa categoría, pero quién se resiste al sonido de las monedas cayendo en la máquina cuando sabe que basta pulsar otra vez el botón. A pesar de la prevención por no malbaratar el buen sabor de boca de la primera, empiezo con mucha curiosidad, y ganas, la segunda. La disfruto, sobre todo porque no quiere parecerse a la primera, porque intenta ir un poco más allá. No debió de ser una tarea fácil para los creadores, pero ese Gastby moderno con ecos de Tom Ripley que interpreta el guaperas de James Marsden (el Cíclope, para quienes vimos  X Men ) es un hallazgo para quitarse el sombrero. Me sobra el último episodio. Aunque entiendo que no quiere sino impulsar la trama hacia la tercera temporada, que ya parece estar en camino, me dieron ganas de levantarme y pedir la hoja de reclamaciones si no fuera porque yo en lugar de pedir la hoja de reclamaciones prefiero golpear con discreción la ...

El Padrino

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Escúchalo bien, Michael. No por lo de Tessio y la entrevista con Barzini. Eso saldrá bien. Con una jugada maestra vas a ventilarte a todos tus enemigos mientras en el bautizo pones cara de no haber roto un plato. Hasta al malnacido de tu cuñado te vas a quitar de en medio. Me refiero a lo que te dice sobre cuánto le entristece haberte endosado este marrón tan grande. Tú ibas para otra cosa: héroe de guerra, abogado honrado, yerno perfecto… Qué sé yo. Pero ese poli corrupto te partió la mandíbula después de que demostrases lo que tenías entre las piernas en la puerta del hospital. Ahí, cuando vi cómo no te temblaba la mano al encenderle el pitillo al tipo que venía a visitar a tu padre, comprendí que eras uno de esos héroes a quienes no les queda más remedio que serlo. Después de aquello a quién le iba a sorprender que te cargases al poli y al Turco durante la cena. Escucha bien a tu padre, insisto, porque todo lo que dice es verdad. Le habría gustado algo mejor para ti. No te va a serv...

Stallone

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Ochenta castañas le cayeron ayer a Stallone. Ochenta, sí. Una detrás de otra.  Hace tiempo me topé con un vídeo muy revelador en las redes sociales: el actor bajaba de un coche y docenas de adolescentes hacían cola para retratarse junto a él. Como este año se cumple medio siglo del estreno de la primera de  Rocky   y  Acorralado  llegó a los cines seis años después, ninguno de ellos había nacido, ni era un proyecto siquiera, cuando Stallone era Stallone. Tiene mérito, mucho. Yo, sin ir más lejos, no vi la primera de  Rocky  hasta diez años después y si alguna mujer no ha estado a mi lado el tiempo suficiente para sentarse a verlas todas conmigo no puedo adjudicarle la categoría de novia con todas las letras. O con mayúscula, si lo preferís. Ver ganar un combate al Potro Italiano nunca me ha hecho llorar, pero no soy capaz de ver el momento de la quinta entrega donde el boxeador arruinado recuerda el día que Mickey le regaló un colgante que perteneció a...