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La separata

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He estado haciendo algunos cambios en el blog. Nada grave, sobre todo porque mis habilidades tecnológicas son las de un chimpancé con acceso al panel de administración, con la única diferencia que el mono sería un poco más prudente antes de pulsar una tecla al azar.  La separata  nació hace la friolera de dieciocho años. El nombre, lo he contado muchas veces, es mérito de mi apreciado Cristóbal Cervantes, que bautizó así la sección de opinión con la que castigaba cada semana a los oyentes en la desaparecida Punto Radio. No tenía ni idea de cómo crear un blog (lo que decía antes sobre el chimpancé es cierto), pero como compenso las carencias con mucha voluntad conseguí armarlo y, además de los artículos que escribía cada semana, también fui recogiendo otros más antiguos, de cuando hacía lo mismo en Onda Cero, en El Correo de Andalucía o en algunas webs que confiaron en un desconocido escritor una década antes. El más antiguo de estos textos es de 1999. El más reciente, de hace ...

Vicios ocultos (segunda temporada)

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Algunos finales deberían prohibir una segunda temporada. El de  Vicios ocultos  pertenece a esa categoría, pero quién se resiste al sonido de las monedas cayendo en la máquina cuando sabe que basta pulsar otra vez el botón. A pesar de la prevención por no malbaratar el buen sabor de boca de la primera, empiezo con mucha curiosidad, y ganas, la segunda. La disfruto, sobre todo porque no quiere parecerse a la primera, porque intenta ir un poco más allá. No debió de ser una tarea fácil para los creadores, pero ese Gastby moderno con ecos de Tom Ripley que interpreta el guaperas de James Marsden (el Cíclope, para quienes vimos  X Men ) es un hallazgo para quitarse el sombrero. Me sobra el último episodio. Aunque entiendo que no quiere sino impulsar la trama hacia la tercera temporada, que ya parece estar en camino, me dieron ganas de levantarme y pedir la hoja de reclamaciones si no fuera porque yo en lugar de pedir la hoja de reclamaciones prefiero golpear con discreción la ...

El Padrino

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Escúchalo bien, Michael. No por lo de Tessio y la entrevista con Barzini. Eso saldrá bien. Con una jugada maestra vas a ventilarte a todos tus enemigos mientras en el bautizo pones cara de no haber roto un plato. Hasta al malnacido de tu cuñado te vas a quitar de en medio. Me refiero a lo que te dice sobre cuánto le entristece haberte endosado este marrón tan grande. Tú ibas para otra cosa: héroe de guerra, abogado honrado, yerno perfecto… Qué sé yo. Pero ese poli corrupto te partió la mandíbula después de que demostrases lo que tenías entre las piernas en la puerta del hospital. Ahí, cuando vi cómo no te temblaba la mano al encenderle el pitillo al tipo que venía a visitar a tu padre, comprendí que eras uno de esos héroes a quienes no les queda más remedio que serlo. Después de aquello a quién le iba a sorprender que te cargases al poli y al Turco durante la cena. Escucha bien a tu padre, insisto, porque todo lo que dice es verdad. Le habría gustado algo mejor para ti. No te va a serv...

Stallone

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Ochenta castañas le cayeron ayer a Stallone. Ochenta, sí. Una detrás de otra.  Hace tiempo me topé con un vídeo muy revelador en las redes sociales: el actor bajaba de un coche y docenas de adolescentes hacían cola para retratarse junto a él. Como este año se cumple medio siglo del estreno de la primera de  Rocky   y  Acorralado  llegó a los cines seis años después, ninguno de ellos había nacido, ni era un proyecto siquiera, cuando Stallone era Stallone. Tiene mérito, mucho. Yo, sin ir más lejos, no vi la primera de  Rocky  hasta diez años después y si alguna mujer no ha estado a mi lado el tiempo suficiente para sentarse a verlas todas conmigo no puedo adjudicarle la categoría de novia con todas las letras. O con mayúscula, si lo preferís. Ver ganar un combate al Potro Italiano nunca me ha hecho llorar, pero no soy capaz de ver el momento de la quinta entrega donde el boxeador arruinado recuerda el día que Mickey le regaló un colgante que perteneció a...

Correr

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Soy capaz de pasarme horas sobre un tatami practicando karate, otro tanto me ocurre con el yoga, el tiempo se me escapa caminando y disfruto pedaleando por el campo o sobre una bici estática, pero odio correr. Me ha pasado siempre, pero como envidio a quienes les basta enfundarse unas zapatillas y tirar kilómetros para disfrutar, de cuando en cuando me digo que he de encontrar el modo de divertirme. Tanta gente no puede estar equivocada, creo. Llevo muchos años con esa lucha, sin rendirme. La semana pasada volví a intentarlo en la vieja cinta de trotar que regalé a mis padres hace diecinueve años. Ellos ya no pueden usarla y yo, por alguna razón, acostumbro a elegir el camino más difícil. Si fuera fácil no tendría mérito, me gusta decir. Es como cuando alguien me advierte que algo no es para mí y respondo “¡¿Cómo que no?!”. Más de una novela empezó así. También algunas de las historias más bonitas de mi vida (esas, de momento, me las quedo): alzando una ceja, con aplomo o fingiéndolo, ...

Maricón el último

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Maric ón el ú ltimo es una de esas expresiones  que uno deja de oír y años después regresan a la memoria con la misma nitidez con la que uno recuerda el olor de los pupitres o las gomas Milan.  Las reglas eran sencillas: echar a correr. El último cargaba con el título. Nadie se preguntaba qu é  tenía de malo ser maricó n. Lo importante era no llegar el último. Nos reíamos mucho con los chistes de mariquitas. Seguimos riéndonos, me temo.  Yo pertenecía a la cofradía de los raros, pero sostener que por eso era un adolescente ilustrado que cuestionaba aquellas actitudes sería faltar a la verdad.  Al cabo, y aunque no nos guste, somos  hijos de nuestro tiempo. Pero las bromas tienen una curiosa asimetría: el humor pertenece a quien lo cuenta; la ofensa, a quien la recibe. Y no siempre coinciden. Por eso me molesta mucho ese argumento de quien después de soltar algo sin pensarlo un par de veces, cuando te enfadas te dice que no se te puede decir nada. Los bocach...

Despistado sin genio

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  Sostener que uno es un genio despistado tiene prestigio. Queda elegante,  incluso  romántico,  imagina r  a un sabio caminando con el pelo revuelto mientras resuelve los misterios del universo y se olvida de dónde ha dejado las llaves.  Ya me gustaría, aunque no pasee por una avenida jalonada de tilos (ay, esos aficionados a la filosofía), pero pertenezco a otra cate goría bastante menos glamurosa, lamento decepcionarios: l a del idiota despistado.  Lo del pelo revuelto no tiene arreglo, me temo. Los  lectores pata negra quizá  recordarán que el verano pasado me dejé un brasero encendido durante varios días.  Ya veis :  los científicos dejándose los sesos para  explicar  del  calentamiento global  y  la explicación  estaba en mi casa.  Menos mal que  alguien  señaló el brasero con una mezcla de estupor y compasión . De no haberlo descubierto quizá yo me habría ahorrado docenas de proble...