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En buena compañía

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Como apuntaría mi apreciado Víctor, voy de narco colombiano. El calor aprieta en el sur, vaya que sí. Hoy toca comer, y beber buen vino, con dos amigos muy queridos. Mañana, otro amigo de los buenos ―¿acaso hay otra forma de ser amigo?― me ha invitado a cenar en su casa, en ese jardín pequeño y coqueto que parece la antesala del paraíso. No está mal para una semana empeñada en convertir mi agenda en un campo de minas. Menos mal que a veces la vida, después de empujarte hacia la cuneta, tiene la delicadeza de ofrecerte un banco a la sombra. Además, he conseguido levantar veintiséis páginas en dos capítulos de una nueva novela. Qué curioso, qué paradójico, que mientras la puñetera vida se empeña en tirar tabiques la ficción siga construyendo habitaciones. Llevaba tiempo sin trabajar en largo, quizá demasiado, pero al volver a remangarme ha regresado esa sensación impagable que sólo aparece al escribir novelas: la obligación deliciosa de sentarte a jugar a imaginemos, a pesar del caos...

Otra vuelta al sol

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  Otra vuelta al sol. Esta no ha sido fácil. Cómo podría serlo cuando los árboles bajo cuya sombra creciste empiezan a combarse y descubres cuánto quema el sol. Mowgli ha sido el primero en marcharse. Lo raro, o no tanto, es sentirte bien pese a todo. Quizá sea porque hacer lo que toca cuando toca no es mala forma de encajar en este circo absurdo que llamamos vida. No me quejo de la mía, vaya por delante: cuido de los míos, como mejor sé y como mejor puedo; escribo y leo cada día, siento el cariño de unas cuantas personas muy queridas y también el respeto de mucha gente a la que no conozco pero que, en una curiosa asimetría resultante de juntar letras, sí me conoce o al menos conoce lo que dejo entrever, casi siempre mucho menos de lo que parece. Practico yoga, salgo con la bici, paseo, hago alguna escapada. Me complace que el motor siga rugiendo, poderoso, aunque algunas piezas necesiten ser ajustadas y engrasadas de cuando en cuando. Nada grave: los buenos coches duran para siem...

Noventa aniversario

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Hace muchos años hablé en esta bitácora de  La noche de los tiempos , de Antonio Muñoz Molina. Dije, creo, y si no lo dije es un falso recuerdo cuyo fondo sigo manteniendo, que no se podía contar mejor el Madrid del 36. Me acuerdo de que me dieron ganas de quitarme el sombrero al leer un capítulo en el que durante muchas páginas el narrador iba enumerando una larga lista de acontecimientos recogidos por la prensa el 17 de julio de 1936, entre los que se colaba, como un hecho insignificante, el levantamiento de unos militares españoles en el norte de África. Un ejemplo perfecto no sólo de buena literatura, sino de la teoría del caos: una perturbación diminuta puede amplificarse de forma impredecible si las condiciones son las adecuadas. Quizá me interesan tanto los pequeños detalles porque a menudo un suceso aislado trastoca el futuro de la forma más inesperada. Como soy de naturaleza escéptica, acostumbro a no dar nada por supuesto. Mil páginas tiene la novela que mencionaba más ar...

Fútbol

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Las finales se repiten mientras las hojas del calendario se despegan como si un silencioso árbitro implacable me fuera descontando páginas de la vida. Van cambiando las circunstancias en cada final (las mías, digo), pero otras se mantienen. En 2010 andaba en los últimos coletazos de la promoción de una novela por la que me conocieron muchos lectores, ya tenía buena parte de otra pergeñada entre aeropuertos y estaciones y todavía no sabía quién era Shakira.  No soy futbolero pero, si las circunstancias no lo impiden (y quién sabe si no, tal y como está el panorama) veré la final el domingo. Hace dieciséis años conduje un montón de kilómetros por una carretera con demasiado tráfico dominical para ver el partido con la familia. Dos años antes conduje en otra dirección pero también con mucho tráfico de domingo para ver la final de la Eurocopa en casa de unos amigos. En 2012, tras ponerme en carretera otra vez, me quedé dormido durante el partido y cuando desperté España le había colado...

El pistolero

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Juan Antonio deja escapar un suspiro, un resoplido, en realidad, resultado más de la costumbre que del enfado. Joder, Andrés, pero si tú eres un pistolero, me dice. La frase tiene esa mezcla de guasa y resignación que sólo emplean quienes te conocen bien. Me echo a reír y le doy la razón. Total, llevamos toda la tarde trasegando buen vino con nuestro querido Rafa, que ya se ha marchado pero también sostendría que, cuando el objetivo merece de verdad la pena, o cuando me la merece, paso demasiado tiempo estudiando el terreno, calculando la distancia, esperando un viento que nunca cambia. Tantas vueltas doy antes de apretar el gatillo que, para cuando me decido, si es que me decido, el duelo ya ha terminado o el premio ha cambiado de dueñ o.  En cambio, cuando no me importa demasiado desenfundo con una facilidad sorprendente. Y, para colmo, casi siempre acierto. No deja de ser una  ironía , tal vez una ironía cruel, que la punter ía no suela fallar cuando la diana me da más o me...

El último mohicano

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Menuda puesta de sol, ¿verdad, Hawkeye? Más quisieran los atardeceres playeros que inundan Instagram estos días. Qué bien lo pasé viendo vuestra película. Alguna crítica se sorprendía de que Michael Mann, el director de Miami vice, estuviese al frente de un proyecto así. La vi en el cine y cada vez que vuelvo a verla me retuerzo en el asiento durante los últimos doce minutos. Un ejemplo perfecto de clímax continuo donde la tensión no deja de crecer hasta el final mientras contienes la respiración. Es, sencillamente, perfecto, sin un puto diálogo y con esa música. Desde que Duncan, el oficial inglés estirado, te la juega cuando has decidido sacrificarte en la hoguera para salvar a Cora. Je suis Le Longue Carabine! , gritó, para que lo quemasen a él en lugar de a ti.  Igual de haber sabido francés todo habría sido distinto. Luego tú lo alivias de las llamas con un disparo en la frente. A quién le iba a sorprender ya tu puntería. Pero si ibas cargándote desde el fuerte a todos los que...

La separata

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He estado haciendo algunos cambios en el blog. Nada grave, sobre todo porque mis habilidades tecnológicas son las de un chimpancé con acceso al panel de administración, con la única diferencia que el mono sería un poco más prudente antes de pulsar una tecla al azar.  La separata  nació hace la friolera de dieciocho años. El nombre, lo he contado muchas veces, es mérito de mi apreciado Cristóbal Cervantes, que bautizó así la sección de opinión con la que castigaba cada semana a los oyentes en la desaparecida Punto Radio. No tenía ni idea de cómo crear un blog (lo que decía antes sobre el chimpancé es cierto), pero como compenso las carencias con mucha voluntad conseguí armarlo y, además de los artículos que escribía cada semana, también fui recogiendo otros más antiguos, de cuando hacía lo mismo en Onda Cero, en El Correo de Andalucía o en algunas webs que confiaron en un desconocido escritor una década antes. El más antiguo de estos textos es de 1999. El más reciente, de hace ...