Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

La alarma interior

He aprendido unas cuantas cosas durante tantos años jugando a imaginemos. Una es que, aunque puedes sentarse a pensar hasta que aparezca una historia, es mucho mejor cuando viene a buscarte. Suele ocurrir de la forma más inesperada: caminando, en la ducha, durante una conversación, observando a los clientes de un bar, leyendo o viendo una película. Hace unos días me senté a ver una. Pronto me di cuenta de que no me interesaba demasiado. No la terminé, pero un detalle insignificante de la trama encendió la alarma. Enseguida pensé: “Y si…”. Llevo varios días pensando en eso. Lo que se me ocurrió puede servir para un cuento, para una novela breve, para sustentar la trama de la novela que estoy escribiendo o para escribir otra novela que aparque o quien sabe si entierre la escritura de esta. No me preocupa. La sirena sigue sonando a ratos dentro de mi cabeza. Ahora toca darle vueltas a la idea, volar sin motor. Porque esa es otra de las cosas que he aprendido con los años, en la escritura y en la vida: planificar lo justo, disfrutar de sentirme arrastrado por la marea.
No se me ocurre mejor imagen para acompañar a este texto que la de mi atril recién estrenado.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein