martes, 11 de enero de 2022

La alarma interior

He aprendido unas cuantas cosas durante tantos años jugando a imaginemos. Una es que, aunque puedes sentarse a pensar hasta que aparezca una historia, es mucho mejor cuando viene a buscarte. Suele ocurrir de la forma más inesperada: caminando, en la ducha, durante una conversación, observando a los clientes de un bar, leyendo o viendo una película. Hace unos días me senté a ver una. Pronto me di cuenta de que no me interesaba demasiado. No la terminé, pero un detalle insignificante de la trama encendió la alarma. Enseguida pensé: “Y si…”. Llevo varios días pensando en eso. Lo que se me ocurrió puede servir para un cuento, para una novela breve, para sustentar la trama de la novela que estoy escribiendo o para escribir otra novela que aparque o quien sabe si entierre la escritura de esta. No me preocupa. La sirena sigue sonando a ratos dentro de mi cabeza. Ahora toca darle vueltas a la idea, volar sin motor. Porque esa es otra de las cosas que he aprendido con los años, en la escritura y en la vida: planificar lo justo, disfrutar de sentirme arrastrado por la marea.
No se me ocurre mejor imagen para acompañar a este texto que la de mi atril recién estrenado.



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