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Mostrando entradas de mayo, 2001

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Las orillas del Paraíso

Las orillas del Paraíso He oído en la radio que la policía holandesa va a experimentar con un sistema para detectar a los inmigrantes ilegales: una especie de artefacto, al escrutar la pupila del indocumentado ofrece en un santiamén los datos necesarios para saber si el detenido en cuestión es un vagabundo nacido en Maastrich , por ejemplo, o si pertenece a la baja estopa de los subharianos . Lo cierto es que, después de sobrevivir a las mafias de Marruecos, a las olas del Estrecho, a las mafias españolas, a los cabezas rapadas, al frío, a las miradas hoscas de la gente que no se acostumbra o les da miedo verlos, y a todo un continente que los mira con recelo en definitiva, tiene narices que un aparatito , supongo que más o menos del tamaño de un bolígrafo, pueda devolver a África de un plumazo —lo digo por el tamaño del artefacto— todas sus ilusiones. He de decir ante todo que la inmigración me parece un problema grave, grave y delicado, y que, por desgracia no soy yo q...