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Mostrando entradas de mayo, 2006

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Eutanasia

Ya ves, Cristóbal, ha vuelto a pasar, y el caso es que pasa de vez en cuando. No me refiero al escándalo de la filatelia, que eso lo dejaremos para otra separata, un día que me apetezca hablar de estafadores, de sinvergüenzas o de piratas, sino que estoy hablando de Jorge León, que aunque no se ha hecho tan famoso como Ramón Sampedro, también ha tenido que acabar con su vida a escondidas, urdiendo una telaraña que emborrone el nombre de la persona que le ha ayudado a terminar con todo. Y es que, nos guste o no, lo cierto es que hay mucha gente que vive amarrada a un cuerpo del que no puede desprendese porque sus músculos no le obedecen, y no me cabe duda de que el dra-ma es mucho más intenso que las historias que nos han contado en el cine Alejandro Amenábar o Clint Eastwood. Yo, qué quieres que te diga, te voy a decir la verdad, aunque no le guste a muchos oyentes: a mí me parece muy triste que una persona, en pleno uso de sus facultades mentales, no pueda decidir por ella misma lo qu...

La felicidad

Pues sí, Cristóbal, el otro día leí una noticia que me llamó la atención y enseguida me puse a reflexionar sobre ello. Resulta que, igual que podemos aprender a leer o a escribir, igual que pode mos aprender a conducir o a hablar con un micrófono delante sin que se nos note el vértigo porque al otro lado hay unos cuantos miles de oyentes, también podemos aprender a ser felices y, además, no afrontando la felicidad como algo abstracto, sino como una asignatura, con sus apuntes, sus clases teóricas, incluso con exámenes y todo. Ya sé que te puede sonar un poco a broma todo esto, Cristó bal , pero en la Universidad de Harvard no piensan lo mismo. Si te soy sincero, a mí también me sona ba un poco a cachondeo, pero, ya te digo, cuando he leído detenidamente la noticia y me he puesto a reflexionar sobre ello no me ha parecido tan raro, y eso que, fíjate, hace un par de semanas me pre guntabas en el programa por una palabra que me gustase mucho, y yo elegí la palabra alegría porque, como...