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Mostrando entradas de marzo, 2018

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Adiós a Bernie Gunther

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Esta mañana me he enterado de la muerte de Philip Kerr y he sentido la misma pena que si hubiera perdido a un amigo. Mi querido Óscar Oliveira me ha llamado para contármelo. Se lo ha llevado un cáncer a los sesenta y dos años recién cumplidos. Desde que lo descubrí gracias a las recomendaciones de otro querido amigo, Gregorio León,  le he dedicado varias entradas en este blog. No se trata hoy de repetirme, no me apetece. Aún me faltan por leer dos novelas de la serie del gran Bernie Gunther y hoy he sabido que hay otras dos pendientes de publicación en España . He aprendido y sobre todo he disfrutado con los libros de Philip Kerr . No se me ocurre una manera mejor de rendirle tributo que leyéndolo, pero ahora, por desgracia, será de un modo diferente porque sé que los cuatro libros que me faltan serán los últimos protagonizados por el detective Bernie Gunther . Es igual que tener unas pocas botellas de un vino delicioso que ya no se volverá a vender y dudar entre abrirlas o...

Alegrías de domingo

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Termino estos días —más bien estas semanas, espero que no meses— una novela en la que llevo sumergido mucho tiempo. La trama está cerrada, sé todo lo que pasa —casi todo, mejor dicho—, pero voy corrigiendo muy despacio el último borrador, entreteniéndome en lo que no me convence el tiempo que haga falta. Como en una montaña rusa —lo de rusa es literal, porque buena parte de la trama sucede en Rusia —, hay capítulos que ventilo en un día; sin embargo hay semanas en las que, con suerte, no consigo apuntalar más de uno. El insomnio se ha convertido en un inevitable compañero habitual y las jornadas de trabajo, cada vez más largas, se dividen entre las que el desánimo gana terreno y te planteas seriamente si merece la pena tanto esfuerzo para escribir algo que tal vez nadie querrá leer, que incluso ningún editor, nunca se sabe, querrá publicar; y las que, a lo mejor porque luce el sol, eres un poco más benévolo contigo mismo y te dices que, al cabo, no lo haces tan mal. Estos días ...