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Mostrando entradas de octubre, 2020

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

53 gramos

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Soy un  grafómano  irreductible. No reniego de la tecnología pero me encanta escribir a mano, con pluma si es posible, pero me basta un bolígrafo o rotulador de trazo firme y caudaloso. Desde niño he usado cualquier  cuaderno . Conservo las  libretas de anillas  de hace cuatro décadas, con  papel cuadriculado , donde escribía en secreto lo que me pasaba por la cabeza, lo que sentía, lo que imaginaba.  Hace muchos años que mis cuadernos de cabecera son los  Moleskine . Los he frecuentado en todos sus formatos hasta reducirlos a tres: 9 x 14 y 13 x 21 para notas, según quiera llevarlo en el bolsillo, lo use en mi despacho o lo guarde en la maleta; y 19 x 25 para los primeros borradores, a veces en tapa blanda pero cada vez más en tapa dura negra y siempre con rayas. Al contrario de lo que sostenía  Juan Ramón Jiménez  y tomó prestado  Ray Bradbury  en las primeras páginas de  Farenheit 451  (“Si os dan papel pautad...