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Mostrando entradas de julio, 2006

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

El socorrido lenguaje

  Querido Cristóbal: la verdad es que esto del lenguaje es la mar de socorrido. Y cuando digo esto no me refiero a que una gran parte de mi trabajo tenga que ver con el manejo de esta lengua tan hermosa con la que nos comunicamos, y que todavía se mantiene a pesar de los mensajes de los móviles y las faltas de ortografía con la que algunas veces nos golpean en la cara los titulares de los periódicos. En fin, que esto tener soltura a la hora de hablar, quería decirte, es la mar de socorrido cuando uno quiere sacudirse las pulgas, escaquearse o endosarle el muerto a otro, vaya. En esto, tenemos que reconocer, querido amigo, que los políticos nos llevan ventaja. Yo no sé si ese talento ―el de usar el lenguaje para escurrir el bulto― lo van adquiriendo los políticos al mismo tiempo que se van acomodando al cargo o es que les viene de fábrica y ya de pequeñitos eran esos niños que en el recreo siempre estaban dispuesto a señalar a otro cuando se rompía un cristal o un balón perdido se es...

La selección mestiza

Bueno, Cristóbal, el Mundial termina el domingo, y, como ves, le he cogido el gusto a esto de hablar de fútbol ―ya sabes, que si Manolo el del bombo, que si la ilusión del próximo campeonato el otro día―, aunque no tanto como para dejar de hablar de libros la próxima temporada y pedirte que me des una sección en Prota gonistas Sevilla en la que ponga al día a nuestros oyentes de los fichajes del Betis y del Sevilla . De momento prefiero seguir con los libros y con estas separatas con las que me dejas que castigue cada viernes a quienes nos escuchan. El caso, Cristóbal, es que tengo la manía de ver cosas raras cuando me pon go a mirar un partido en la tele , y a poco que me descuide me despisto tanto que ya no soy capaz de estar pendiente del juego, sino de asuntos que no tienen mu cho que ver con lo que está pasando en el campo, o que sí la tienen, y mucho, se gún se mire. Me he estado fijando estos días en la selección de Francia, Cristóbal, esa que nuestros aguerridos futbolis...