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Mostrando entradas de septiembre, 2025

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Hola y adiós

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¿Lo has pasado bien?, me pregunta, al final de la noche. El bar atestado. Una pareja amable nos ha cedido un hueco en la barra. Sólo quería ofrecer la entrada a quien de verdad pudiera disfrutarlo. Tres horas antes, en el taxi, se parte de la risa cuando le digo, medio en broma, o no tanto, que mi último concierto fue el de Spandau Ballet en Sevilla, en 1987. No pensaba ir al de Joaquín Sabina, pero ella fue el martes y tenía otras dos entradas para hoy. Me cuenta que hará todo lo posible por ir también al del sábado. Me admira su voluntad de pasarlo bien, de disfrutar. Me admiran sus ganas de vivir. Sobre todo, confiesa, me va gustar el concierto de hoy porque espero que te guste mucho a ti. Pero no quiero que se sienta como la anfitriona de una fiesta, preocupada porque sus invitados lo pasen bien antes que por disfrutar ella misma. Cruzamos la Puerta del Príncipe, la misma por la que salen a hombros los toreros, y ya tengo los vellos de punta. Nos equivocamos de asiento y para ver l...