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Mostrando entradas de agosto, 2023

Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Por un beso

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Me fascinan los dinosaurios desde que de niño encontré un espléndido libro ilustrado sobre estos bichos en la biblioteca de los Maristas. Durante muchos años eché en falta en las mesas de novedades ejemplares actualizados en los que encontrar nuevos datos, aprender. Eso lo solucionó Michael Crichton. Steven Spielberg llevó al cine su novela  Parque jurásico  y nació la dinosauriomanía, o como se diga. Además de  Parque jurásico , al novelista norteamericano le debo unas cuantas lecturas estupendas (sí, también leo bestellers, a mucha honra; lo siento, pero no me llevo bien con los complejos), y me acuerdo estos días de una novela que me zampé en 1994,  Acoso , o  Disclosure , como dirían los esnobs. Si no la habéis leído, os la recomiendo. Tal vez recordéis la versión cinematográfica, con Michael Douglas y Demi Moore. A saber: ella, Meredith Johnson, tiene un breve escarceo sexual en la oficina con Tom Sanders, subordinado suyo, hasta que el tipo cae en la cuent...

La utilidad de lo inútil

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Entre las muchas lecturas caniculares disfruto especialmente el opúsculo de Nuccio Ordine cuyo título he robado para este artículo. El italiano era una de esas personas de entusiasmo contagioso, me recuerda a Ray Bradbury, a quien la muerte se ha llevado antes de poder recoger el Premio Princesa de Asturias que le iban a entregar este año.  Antes de leer el libro de Ordine le había dado muchas vueltas al significado del título, a todo lo que encierra, tan sencillo y tan complejo. Tan cierto y tan contundente para quienes nos empeñamos en gastar la vida enfrentándonos a molinos de viento. Me educaron en el utilitarismo: lo que hagas en la vida ha de estar enfocado a una finalidad práctica, vaya. Lo valoro, y doy fe de que resulta útil, valga la redundancia, pero también me da que he sido un mal alumno, porque mi tendencia, me temo, es dedicar mucho esfuerzo a aventuras cuyo resultado nunca puedo controlar. Pero al mismo tiempo me procuran un enorme placer: leer, escribir, dibujar, i...