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Mostrando entradas de octubre, 2015

Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Diez días que estremecieron al mundo

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Tengo una costumbre que a muchos les cuesta entender: compro libros y a menudo reposan en la estantería durante años, cambian de casa conmigo y acaban colocados en otros muebles, junto a nuevos compañeros que ya he leído o esperan su turno. La experiencia me ha enseñado que no es un mal hábito, y tampoco nocivo, salvo para el bolsillo y la espalda después de cargar con ellos en tantas mudanzas. Con el tiempo he terminado pensando que un motor invisible , tal vez lo que llamamos instinto, me señala ciertos libros que debo adquirir porque alguna vez, sin que yo lo sepa todavía, necesitaré leerlos. La experiencia me ha enseñado también que los libros, cada vez más, igual que la ropa, pasan de moda o no se venden lo que algunos editores y libreros impacientes quieren y, salvo unos pocos escogidos por la fortuna, enseguida son retirados para ser sustituidos en las mesas de novedades por otros que, con toda probabilidad, correrán la misma suerte nefasta. En 2004, con La clave Pinner ...