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Mostrando entradas de marzo, 2019

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

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Nunca había tenido uno, pero esos chalecos acolchados resultan útiles porque puedes ponértelos debajo de una cazadora y estar abrigado sin tener que llevar un incómodo jersey grueso . Llevas un chaleco pepero , me dijo una amiga. No tenía ni idea, pero da igual. Cuando me pongo un fular me dicen hippie , o rojo, si tienen mucha confianza, o si se la toman, que es peor; y a lo mejor cuando llevo sombrero a muchos les parezco un esnob . También tengo unas gafas con montura de pasta , y no era consciente de que las usan los hipsters hasta que me dijeron que, como yo las llevaba, por fuerza tenía que ser uno de estos, lo que resulta muy poco apropiado, creo, para quien vive alejado de los núcleos urban os y no es muy dado a extravagancias alternativas . Qué más da. Basta que los demás puedan encajarte en un casillero. Todo simple, que no sencillo. Para qué pararse a pensar. Para qué decir, como Alberto Manguel en un espléndido artículo el otro día en The New York Times , que leer l...

Corregir el pasado

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He corregido durante estas semanas tan complicadas una colección de cuentos que se publicará en primavera.   Ha sido raro, porque el más antiguo tiene casi veinte años. Quién lo diría. La locomotora del tiempo nunca se detiene y antes o después acaba alcanzándote. Los he revisado antes de mandárselos a mis editores y, aunque aún he de volver a leerlos y pulirlos en galeradas, tengo la sensación de haber asistido a un taller de escritura muy personal que me ha regalado un aprendizaje inesperado. Algo parecido a un viaje en el tiempo que te permite reparar errores del pasado. No he cambiado la trama de ninguno de los textos, y alguna de estas historias la tenía tan olvidada ― no acostumbro a releer lo que escribo cuando lo doy por finiquitado a no ser que vaya a publicarse o reeditarse ― que a veces me ha sorprendido felizmente. Sin embargo era la prosa lo que, a mi juicio, necesitaba una revisión profunda: tanto que de 44.000 palabras han desaparecido al menos 7.000. Casi un v...