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Mostrando entradas de mayo, 2015

Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Un mundo perfecto

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   En un mundo perfecto debería haber una ley que prohibiera acercarse a los racistas borrachos a la Puerta del Sol o a cualquier espacio público. En un mundo perfecto tal vez existiera esa ley y además la policía se encargaría de hacerla cumplir a rajatabla. En un mundo perfecto la gente no se asustaría al ver a zoquetes uniformados con camisetas negras serigrafiadas con insignias de las Waffen SS, o luciendo músculos o lorzas y tatuajes de gusto dudoso en el torso mientras beben cerveza en la calle desnudos. No los dejarían entrar en el metro, amedrentando con sus cánticos y su falta de modales a todo el que ha tenido la mala suerte de cruzarse con ellos y no le queda más remedio que apretar los dientes y mirar para otro lado, con los dedos cruzados para que no se fijen en él. En un mundo perfecto, en lugar de a un hombre que sale del metro aterrado, la bestia borracha le daría una un manotazo y una patada a la persona equivocada, alguna que yo me sé, y se le quitarían ...

A la luz de una vela

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     Una de dos: o me estoy haciendo viejo o antes era todo más sencillo. Tal vez las dos cosas, quizá ninguna. Hace no muchos años ibas al banco, pedías un extracto de tu cuenta y te llevabas el papelito doblado. Ahora también, pero de cuando en cuando el director de la sucursal , con mano izquierda, si la tiene, te sugiere que desde casa puedes hacer todas esas gestiones sin molestarte en esperar cola . Siempre le contestas lo mismo: que sí, que tú ya tienes una tarjeta que te dieron para mirar tu cuenta y averiguar si los editores esta vez no se han retrasado dos o tres meses en liquidarte las ventas de tus libros ; pero resulta que te equivocaste una vez al teclear la clave y vuelta a empezar, y con la clave nueva, por más que lo intentas, no puedes acceder a tu cuenta . Así que el director  hace como que te entiende y se vuelve a su despacho preguntándose por qué ellos tienen una oficina abierta al público en lugar de un call center , de los que cuando ll...