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Mostrando entradas de mayo, 2015

Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Un mundo perfecto

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   En un mundo perfecto debería haber una ley que prohibiera acercarse a los racistas borrachos a la Puerta del Sol o a cualquier espacio público. En un mundo perfecto tal vez existiera esa ley y además la policía se encargaría de hacerla cumplir a rajatabla. En un mundo perfecto la gente no se asustaría al ver a zoquetes uniformados con camisetas negras serigrafiadas con insignias de las Waffen SS, o luciendo músculos o lorzas y tatuajes de gusto dudoso en el torso mientras beben cerveza en la calle desnudos. No los dejarían entrar en el metro, amedrentando con sus cánticos y su falta de modales a todo el que ha tenido la mala suerte de cruzarse con ellos y no le queda más remedio que apretar los dientes y mirar para otro lado, con los dedos cruzados para que no se fijen en él. En un mundo perfecto, en lugar de a un hombre que sale del metro aterrado, la bestia borracha le daría una un manotazo y una patada a la persona equivocada, alguna que yo me sé, y se le quitarían ...

A la luz de una vela

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     Una de dos: o me estoy haciendo viejo o antes era todo más sencillo. Tal vez las dos cosas, quizá ninguna. Hace no muchos años ibas al banco, pedías un extracto de tu cuenta y te llevabas el papelito doblado. Ahora también, pero de cuando en cuando el director de la sucursal , con mano izquierda, si la tiene, te sugiere que desde casa puedes hacer todas esas gestiones sin molestarte en esperar cola . Siempre le contestas lo mismo: que sí, que tú ya tienes una tarjeta que te dieron para mirar tu cuenta y averiguar si los editores esta vez no se han retrasado dos o tres meses en liquidarte las ventas de tus libros ; pero resulta que te equivocaste una vez al teclear la clave y vuelta a empezar, y con la clave nueva, por más que lo intentas, no puedes acceder a tu cuenta . Así que el director  hace como que te entiende y se vuelve a su despacho preguntándose por qué ellos tienen una oficina abierta al público en lugar de un call center , de los que cuando ll...