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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

A Mauthausen con la prensa (VIII. La escalera de la muerte)

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Primero está el garaje. Las botas que llevamos para el frío suenan sobre las piedras igual que debieron hacerlo las de los SS. Este sitio apenas lo pisaban los prisioneros, nos cuenta Birgit. Entre el garaje y la Appelplatz vemos algún monumento conmemorativo. Josep Borrell, el director de Clío, se encarga de colocar en su sitio una bandera republicana para hacer las fotos. La cantera está un poco más allá, pero supongo que la dejaremos para el final. Creo que es lo mejor. Primero hay que entrar en el campo, ver los barracones que quedan, las duchas, las cámaras de gas, los hornos crematorios, las fotos de las víctimas y los verdugos, y luego bajar los 186 escalones. Nada más cruzar la Appleplatz , que viene a ser algo así como la plaza del recuento, bajamos a las duchas. Hace tanto frío que uno no puede evitar encogerse al pensar lo que tendría que ser estar bajo el agua helada en invierno. Birgit nos cuenta cosas del campo, yo intervengo de vez en cuando para contar a los periodis...

A Mauthausen con la prensa (VII. Esto va en serio)

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Por la mañana nos subimos al autobús, camino de Mauthausen, pero antes vamos a parar en el cementerio donde están enterrados los padres de Hitler. Al otro lado de la calle hay una casa, en una esquina, donde el pequeño Adolf pasó unos años de su infancia. Ahora es una funeraria. Su único destino posible tal vez. Nos paramos todos frente a la casa, imaginando al pequeño dictador saliendo por la puerta para ir al colegio. Le pido a Maribel que me haga una foto y cruzo la calle para ponerme delante de la casa. Me planto en la acera, dispuesto a posar, y en ese momento todos sacan sus cámaras y empiezan a disparar, como si fuera un reo delante de un pelotón de fusilamiento. Tardo un instante en darme cuenta, de nuevo, de que hemos venido a trabajar, que hoy es el día más importante del viaje, y que esto va en serio. Al otro lado de la calle, en el cementerio, volvemos a hacer lo mismo delante de la tumba de los padres de Hitler. Hay unas cuantas flores frescas sobre la piedra. Me hubiera...

A Mauthausen con la prensa (VI. La salchicha, Skármeta, Vargas Llosa y Pérez Domínguez)

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Nos metemos en un bar, y al cabo de un rato se nos unen los que se habían quedado en el concierto. Jose Oliva dice que no se quiere marchar de Austria sin probar una salchicha, y allá que vamos. Pregunto en un par de locales, pero nada. Incluso paro a un tipo por la calle, desesperado, para que por favor me diga dónde podemos comernos una de esas salchichas austriacas. Me habla de un sitio, pero hay que coger un autobús. Así que al final nos metemos en uno de los bares en los que habíamos preguntado, y acertamos. No había salchichas, pero tenían una carne estupenda servida en distintas clases de pan. En el bar estuve hablando un rato con Ricard Ruiz Garzón, a quien conocí hace tres años en una cena del Ateneo de Novela de Sevilla, cuando aún no podía imaginar que llegaría a ganarlo. Hablar con Ricard de libros siempre es un placer, y te cuenta las cosas con la tranquilidad y la sensatez de quien sabe de qué va este negocio. Luego nos vamos al hotel, pero cuando nos ven llegar los del b...

Presentación en Madrid

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Si estáis por Madrid, el próximo miércoles 25 de noviembre presentaré El violinista de Mauthausen , Premio Ateneo de Sevilla 2009, junto a Lorenzo Luengo, Premio Ateneo Joven, que presentará Amerika . A Lorenzo lo apadrinará Félix J. Palma, y a mí Vanessa Monfort. Pues eso, el que quiera, ya sabe por dónde andaremos.

A Mauthausen con la prensa (V. Un nuevo parpadeo)

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En la segunda tanda, Jose Oliva, de EFE, y Carlos Sala, de La Razón, me someten al tercer grado. Matellanes, Oliveira, Susana y Maribel se han ido. Total, el que tiene que contar la novela soy yo. Cuando terminamos las entrevistas apenas me queda tiempo para darme una ducha antes de irnos a cenar. Birgit ya está en la recepción cuando bajo. Hay que cruzar el puente de los Nibelungos otra vez para ir al concierto. No está lejos, pero me quedo rezagado charlando con Paco Luis del Pino sobre la película Münich , de Spielberg, que a los dos nos gusta mucho, y nos perdemos. Nos metemos en el sitio equivocado. Primero es la cena, luego el concierto. Abrimos una puerta y nos encontramos a los músicos ensayando. Buscamos un restaurant e y está vacío. No es allí. Al final llegamos. Tarde, pero llegamos. Me disculpo en alemán con Herr Steiner, que también nos acompaña esa noche. Tut mir leid. Wir waren verloren , le digo. Se echa a reír. Supongo que me entiende. Llevo un rato diciendo que no voy...

A Mauthausen con la prensa (IV, Yo he venido a hablar de mi libro)

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A las siete de la mañana, ya estoy en la calle. No hemos quedado con Birgit hasta las nueve, pero ya lo he contado: en los hoteles no duermo bien. Busco un supermercado abierto y compro un par de botellas de leche para guardarlas en el minibar de la habitación del hotel. Me da vergüenza pedirla en los bares, pero es mi bebida favorita. Es uno de los préstamos que hice a mi amigo Rafael Montalbán, el protagonista de E l síndrome de Mowgli . Los lectores de esa novela tal vez lo recuerden. Cruzo el puente de los Nibelungos, recorro la Hauptplatz de Linz, me cuelo en una callejuela donde un rótulo me indica cuál es la casa en la que vivió un tiempo Kepler y desando el camino. El tiempo justo para desayunar en el hotel y encontrarnos con Birgit. Con ella volvemos a la Hauptplatz , nos enseña el balcón donde Hitler se dio un baño de multitudes justo un día antes de anunciar en Viena la anexión de Austria, el Anschluss , en 1938. Pasamos la mañana recorriendo la ciudad, nos informan de un...

A Mauthausen con la prensa (III, El paro en Linz)

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Llegamos a Linz después de un par de horas de viaje en el autobús que nos esperaba. Intercambio unas palabras en alemán con la conductora y me alegro de que no frunza el ceño demasiado. Hace tiempo mi alemán era aceptable, pero hace mucho que no lo practico y hay cosas que me cuesta entender. Pero me he enterado de que la conductora me ha dicho que la esperemos en el autobús mientras va a la caja a pagar el aparcamiento. Luego, cuando llegamos a Linz, al despedirme me pregunta que cuánto tiempo vamos a estar. Le digo que dos días, que soy un escritor que vengo con un grupo de periodistas para promocionar mi última novela. Sonrió. Lo mismo mi alemán no está tan oxidado como pienso. Algunos han dormido durante el trayecto. Yo soy incapaz. A mitad de camino me he sentado en la parte delantera, con Óscar Oliveira y Albert Montagut, el director de ADN. Pasamos un rato estupendo hablando de libros, de cine, de series de televisión sobre la Segunda Guerra Mundial. Montagut me ref...