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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

La foto fálica

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Sólo rompo la disciplina marcial de escribir por las mañanas si hay un motivo muy importante. El de hoy merecía la pena, sin duda. Me había escrito Daniel Mordzinski para decirme que se inauguraba su exposición en la Casa de la Provincia en Sevilla y que él andaría por allí, lo que resulta la excusa perfecta para no sentirte culpable por alejarte de los folios y de tu despacho durante unas horas. Además, cualquiera que haya llegado hasta la plaza del Triunfo en Sevilla alguna vez paseando desde la calle Miguel de Mañara sabrá que resistirse es poco menos que imposible. Con Mordzinski estuve en Sevilla en julio, y ya dejé constancia en el blog de por qué me acabó retratando con una caña de pescar y una pistola de agua en el Guadalquivir . Sus fotos van a estar durante un par de meses expuestas en la ciudad y luego se podrán ver en otros sitios. Os aseguro que merece la pena acercarse. Docenas de instantáneas de las que podrían contarse docenas de historias. El fotógrafo las ha vivi...

La cueva de los inmigrantes

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Quizá porque este país se despeña cuesta abajo y sin frenos y ahora los jóvenes tienen que hacer las maletas para buscarse la vida, me da la sensación de que se piensa menos en los inmigrantes, los que vienen desde algún país africano después de atravesar el desierto y el estrecho. Pero siguen ahí , aunque no nos queramos dar cuenta. Ayer los vi otra vez, en el telediario, mostrando a las cámaras una cueva marroquí en la que malviven esperando la oportunidad de entrar en Europa, temerosos de ser descubiertos por la policía de Marruecos. Siempre me ha impresionado la determinación de quien es capaz de dejar su familia, su casa, quizá endeudarse con unos mafiosos implacables y arriesgar la vida para venir a un sitio donde, con suerte, acabará vendiendo pañuelos en un semáforo o baratijas en la playa, lo que no es más que una manera, y no necesariamente menos humillante, de pedir limosna. Tan triste y tan falta de esperanza debe de ser su existencia en el lugar donde han nacido para ...

Aislamiento voluntario

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Apenas me acerco a la playa en julio y agosto pero si puedo procuro visitarla en junio y en septiembre. El año pasado por esta época estaba muy liado con la inminente promoción de El silencio de tu nombre y no pudo ser, y aunque este año en junio también lo intenté algunos días el buen tiempo llegó muy tarde y cuando fui a la playa siempre llovía o estaba nublado, lo que supone una alegría cuando ya has soportado alguna ola de calor veraniega pero no tanto si acabas de salir de una primavera inestable y te apetece estrenar el verano antes de que cualquier playa cercana se convierta en un sucursal de Sevilla. Tengo un amigo al que le gusta retirarse de vez en cuando a monasterio para estar semanas sin hablar, en pleno recogimiento, y aunque más de una vez he pensado que debe de ser una experiencia tremendamente enriquecedora, de momento me basta con unos días en la playa fuera de temporada. No es que mis días sean muy diferentes al resto del año, porque aunque quiero pensar que ...

El final de una agenda

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Empieza septiembre y termino una agenda. Tengo varias, de distintos tamaños, repartidas por tres o cuatro sitios, y en todas voy dejando constancia de los asuntos que me interesan. Esta que termina hoy es de las pequeñas, y la he llevado a todas partes. La primera anotación es de marzo de 2011. Me gusta repasar mis viejas agendas de vez en cuando, sobre todo cuando llego al final. Las páginas gastadas, mi letra ilegible casi siempre por haber escrito de pie o con mucha prisa. Frases que me han llamado la atención en una película y las he garrapateado sin moverme del sofá. Notas de cuando estaba terminando El silencio de tu nombre . Títulos de libros que nunca compraré. Títulos de libros que he comprado y sé que no leeré. Títulos de libros que he comprado y ya he leído o sé que algún día leeré. Gastos para compartir cuando viajaba en pareja a lugares muy lejanos, con sumas, restas y divisiones. Notas rápidas en museos, en cafés o en hoteles de unas cuantas ciudades. Munich. Budape...

La memoria

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La otra noche tuvimos una reunión familiar divertida. Mi hermana me contó que había estado en un restaurante italiano repleto de fotos de El padrino . Me dijo que se acordó mucho de mí. Ella sabe cuánto me gusta la película de Coppola. Los entendidos dicen que la segunda es la mejor, y es posible que por su estructura o por detalles técnicos que se me escapan lo sea, pero mi favorita es la primera. Es de las dos o tres películas que más me gustan, si no la que más. Y he visto una cuantas... A los once años me zampé el novelón de Mario Puzo en una edición del Círculo de lectores que tenían mis padres. Tres años después vi la película. Con mi hermana. En una sala de Sevilla donde la reestrenaron. De eso hablábamos el otro día. Tengo una memoria tan buena que a menudo yo mismo me irrito por recordarlo todo. O casi todo. Era finales de septiembre de 1983. Sábado. Le recordé a mi hermana lo mucho que me dijo que le había gustado Al Pacino. Ella tenía entonces diecisiete años. La misma ...

Sala de espera

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Con la celeridad que habitualmente me tomo estas cosas, ayer renové el pasaporte. Sólo llevaba diez meses caducado, una muestra palpable de que, como casi todos los que no tenemos cuentas en Suiza, cada vez soy un poco más pobre y viajo menos, o que si quisiera hacer cola en alguna frontera bastaría con acercarme a Gibraltar, que no me pilla tan lejos. Como la previsión para los asuntos administrativos tampoco es lo mío, hasta un rato antes no voy a hacerme las fotos para el documento. No sé cuántas tengo que llevar y no me queda otra que confiar en el fotógrafo. Él sabrá. Es lector de mis libros, y antes de marcharme de su negocio me pregunta cómo va el mío, y le respondo lo único que se me ocurre cuando no tengo muy claro lo que mi interlocutor espera que responda: no me puedo quejar. Un escritor nunca sabe cómo van las ventas de sus libros, y cuando lo sabe más le vale hacer un ejercicio de buena voluntad y seguir trabajando si, como decía el maestro Asimov en sus memorias, e...

Tanta gente sola

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A mitad de agosto el verano se empieza a hacer muy cuesta arriba, por muy buenos propósitos que uno tenga. Si por muchas razones ―y una de ellas es que odias hacer cola en la arena ardiendo para pinchar tu sombrilla en un hueco entre miles de sombrillas― no estás en la playa, al menos te queda el placer del silencio que a otros aplasta pero a ti te gusta tanto en la calle vacía a mediados de agosto. Uno trata de soportar el verano como puede, trabajando más si es tan tonto como para no ocurrírsele otra cosa y procurando leer los libros pendientes durante las horas en las que resulta imposible salir a la calle en el sur. Digo esto porque, alternando lecturas y dejando para siempre en la estantería libros que ya sé que jamás terminaré, me acabo de zampar de una sentada la mitad que me faltaba por leer de la colección de cuentos de Juan Bonilla, Tanta gente sola . Quizá los lectores buscan identificarse con las historias de los libros que abren, verse reflejados en historias contadas...