Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Ricos y devaluados

Oye, Cristóbal, fíjate que bien. Me he enterado hace un par de días que los españoles somos cada vez más ricos, y la verdad es que me ha dado un poco de vergüenza saber-lo, Cristóbal, quiero decir, descubrir de repente que somos cada vez más ricos y yo, que algunas veces me da por presumir de que soy muy observador, tener que reconocer que no me había dado cuenta. Ciñéndonos a las frías cifras del informe, te diré que el número de ricos de nuestro país ha aumentado el último año nada menos que un 5,7%, lo que no sé si será mucho o poco, pero por lo visto es lo no va más del progreso. Claro que, luego te enteras que eso de ser rico es muy relativo, que basta con tener un patrimonio, aparte de la primera vivienda y bienes tangibles, de un millón de dólares, y eso, si echamos un vis-tazo a nuestro alrededor, con tantas obras y tantas grúas y tantos precios exagerados, tampoco es como para presumir de millonario, digo yo. Pero bueno, también hay españoles ultrarricos, o sea, millonarios pata negra, de esos que tienen en la cuenta corriente por lo menos 30 millones de dólares, sí, esos que no que tienen problemas para pagar la luz, ni para llenar el carrito en el supermercado. Y yo, como soy de letras, cuando alguien em-pieza a hablar de tantos por ciento y de medias ponderadas enseguida se me activa el botón de la desconfianza, y me acuerdo de cuando antes las estadísticas soltaban esa tontería de que había siete mujeres por cada hombre en el mundo, y si yo estaba solo pensaba que algún gracioso debería de estar por ahí con catorce: sus siete y las siete que me correspondían a mí. Quiero decirte con esto Cristóbal, que el hecho de que en España haya cada vez más ricos, o más ultrarricos, o como quiera que se les llame a quienes tienen tanto dinero, no significa que, como nos decía José María Aznar, España vaya bien, sino que hay unos cuantos a los que la fortuna les ha sonreído después de deslomarse trabajando y a otros no, o que algunos, como el millonario Roca, el de Marbella, le ha robado un poquito a mucha gente ―o un buen pellizco a poca gente, según se mire― y su desaforada fortuna hace que la media del patrimonio de los españoles resulte engañosa. Más ricos o no, Cristóbal, a mí me da la sensación de que a la gente le cuesta cada vez más llegar a fin de mes, y que las hipotecas cada vez son más largas y se nos hace más cuesta arriba pagarlas. Así que no nos engañemos, por favor: España no es un país de ricos. Pensar que tener un millón de dolares, 800.000 euros, tal y como está el precio del ladrillo hoy en día, significa ser millonario, es para partirse de risa. Tal vez no es que sólo la moneda se está devaluando, sino que ser rico, a falta de mejores argumentos, fíjate, está al alcance de cualquiera que sea lo bastante ingenuo para tragárselo.
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2006


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