Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Sombras de guerra

 Desde que hago opinión desde un micrófono, Cristóbal, yo creo que he hablado ya de todo, o de casi todo, pero he caído en la cuenta de que nunca le había dado la tabarra a los oyentes mientras comentaba un videojuego. Y hace poco me he enterado de que ha salido o está a punto de salir el primer juego de estrategia en tiempo real donde quien se siente delante del ordenador o de la videoconsola podrá sumergirse en la Guerra Civil Española. Y a lo mejor alguien que haya empezado a escuchar esta separata piensa ya está, voy a cambiar de cadena porque Andrés nos va a regalar una diatriba contra los videojuegos. Pues no, Cristóbal, mira por donde. No lo voy a hacer. El caso es que he escchado ya a algún historiador levantar la voz contra semejante falta de respeto. Pero es que a mí me parece muy bien que un empresa española (de Málaga, además) se haya atrevido por fin a lanzar un videojuego con la guerra civil como escenario. Hay videojuegos sobre la IIGM, sobre las guerras Napoleónicas o la guerra de Troya. Y si muchos niños conocen al duque de Wellington, el desembarco de Normandía o al guerrero Aquiles es por los videojuegos. Nos guste o no.
¿Que es mejor leer un libro que encender el ordenador y ponerse a jugar? Pues claro que sí. Es tan obvio que ni siquiera merece la pena comentarse. Pero tal vez jugar con el ordenador o la videoconsola sea la puerta que abra a los chavales el interés por la Historia. Si uno puede jugar a ser Napoleón en Austerlitz, Leónidas de Esparta en las Termópilas o Montgomery en el desembarco de Normandía, no veo por qué no puede elegir ser un soldado republicano en Belchite, un militar nacional en Melilla, o si me apuras, un italiano, un alemán de la Legión Cóndor o hasta el piloto soviético de un Polikarpov sobre los Montes de Teruel.
Jugar, Cristóbal, que los chavales se interesen por lo que pasó, puede ser la mejor manera de alejar de una vez por todas los fantasmas de aquel desastre.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2007
Emitido en Punto Radio, el 12 de enero de 2007
 


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