Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Trescientos cochinos euros

Hoy ando con el estómago revuelto Cristóbal. No al ponerme delante del micrófono para leer la separata, sino cuando me siento a escribirla delante del ordenador. Me acabo de enterar viendo un telediario que más del veinte por ciento de los españoles, cerca de nueve millones de personas, malvive en el umbral de la pobreza. El ejemplo es una pareja de jubilados que aparece en pantalla: viven en un quinto piso, sin ascensor, lo que para quien anda con la artrosis agujereándole las articulaciones, es una hazaña semejante a subir cada día a una cumbre del Himalaya. La pensión con la que cuentan para resistir es de poco más de trescientos euros. El pico no lo recuerdo, Cristóbal, pero es una cantidad ridícula. Y a pesar de la tragedia el matrimonio sonreía, sonreía a la cámara al finaldel reportaje, incluso parecía feliz.
 ero para que entiendan por qué ando con el estómago revuelto, Cristóbal, me gustaría invitar a los oyentes a realizar un ejercicio práctico. Que salgan a dar una vuelta, que miren un escaparate, que entren en un supermercado y que vayan haciendo números, a ver cuánto tardan en sumar trescientos cochinos euros, y que luego imaginen que tienen que vivir todo un mes con eso. Yo no sé si Zapatero también piensa en privado esa estupidez de que España va bien, Cristóbal, o es que tiene cosas más importantes de las que preocuparse, que a lo mejor, pero si a los españoles que se mantienen a duras penas en el umbral de la pobreza les sumamos los que ganan mil euros mal contados y tienen que pagar una hipoteca exagerada o los que si pueden comprar un piso es gracias a las ayudas de los padres las cifras se disparan. Las cifras de pobres de este país, quiero decir.
Y, fíjate, lo que son las cosas: yo también sonrío, querido amigo, igual que ese matrimonio de jubilados que tiene que subsistir cada mes con trescientos miserables euros. Trescientos. Lo que me pasa es que acabo de darme cuenta de que también se puede sonreír de asco, Cristóbal, se puede sonreír de asco y de pura desesperación.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2007
Emitido en Punto Radio el 19 de enero de 2007


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