Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La cumbre de la OTAN


Otra vez me ha pillado, Cristóbal, otra vez por sorpresa. Mira que en junio hará cinco años que pasó, pero otra vez he vuelto a tropezar en la misma piedra. Todo me pasa porque, a pesar de que soy colaborador de un medio de comunicación, no presto atención a las noticias como debería. El viernes pasa-do me pilló el primer atasco, como a miles de personas, al venir a Sevilla desde el Aljarafe. Si no teníamos bastante con la lluvia, las obras del metro o los accidentes por culpa de los impacientes que se te pegan al culo en el carril izquierdo dándote ráfagas con las luces, a los ministros de los países de la OTAN no se les ha ocurrido nada mejor que reunirse en Sevilla, y ahora las carreteras se han llenado de guardias civiles con las pirulas encendidas y las metralletas colgadas al hombro, mirándote desde el pasamontañas con desconfianza.
Pues eso, lo que te decía al principio, querido amigo, que éramos pocos y parió la abuela. Que esta gente, los jerifaltes de la OTAN, se reúnan en Sevilla, tal vez será muy bueno para la ciudad, para su imagen y su promoción. Seguro que entre reunión y reunión también tienen tiempo para darse una vuelta por el Alcázar o el Barrio de Santa Cruz, subir a la Giralda para contemplar desde lo alto las obras del metro y a lo mejor los atascos, que a determina-das horas se asemeja a una serpiente interminable. Pero bueno, al menos a mí me queda el consuelo de poder desahogarme aquí, Cristóbal, y estoy seguro de que muchos de los oyentes que llevan padeciendo los atascos esta semana estarán conmigo en que no sería mala idea de que la próxima reunión de los ministros de la OTAN se celebre en la Antártida, por ejemplo, en el desierto de Gobi o en una cumbre del Himalaya, donde se sientan seguros y nos dejen vivir en paz a los pobres mortales.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2007

Emitido en Punto Radio, el 8 de febrero de 2007

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