Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Lo frágiles que somos

 o sé si te lo he contado alguna vez, querido Cristóbal, pero una de mis principales inquietudes cuando comienza la semana es pensar algo interesante con lo que castigar a los oyentes de Protagonistas, y a ti, en la separata de los viernes. Y esta semana la actualidad se presentaba jugosa: desde el bochorno que nos hacen pasar los dirigentes del Betis y del Sevilla hasta la huelga de hambre del etarra De Juana Chaos y la gente que se empeña en convencernos de que se trata del presidente de una ONG en lugar de un terrorista, pasando por el desfile del flamante y musculado novio de la Obregón en la pasarela Cibeles. En eso andaba el lunes por la mañana, como te digo, sin acabar de decidirme por hincarle el diente a ningún tema porque todos consiguen que la adrenalina me fluya por igual, cuando la tierra empezó a temblar, los cristales a moverse y las paredes a sacudirse, como si en lugar de en mi despacho estuviese dentro de una atracción de la Calle del Infierno. Después he sabido que en España hay por lo menos dos mil movimientos sísmicos al año, pero que casi nunca nos enteramos porque son de baja intensidad. Pero cuando las entrañas de la tierra se desperezan, Cristóbal, fíjate, todos como hormigas apresuradas saliendo de los edificios, los dedos cruzados y el aliento contenido, para que no vuelva a pasar o nos quedemos como estábamos.
 Y me puse a pensar, querido amigo. Ya me conoces, y caí en la cuenta de lo frágiles que somos: tú, yo, quienes nos escuchan. No somos más que una mota de polvo en el universo, una insignificancia y, por alguna razón, nos damos demasiada importancia. Basta un leve corrimiento de las placas tectónicos, un meteorito gigante que se desvíe de su ruta, un huracán o un volcán por donde se escapa la energía tremenda del interior de la tierra, para que nos demos cuenta de lo delicados que somos, apenas un soplo en el universo. Basta un pequeño tirón de orejas que nos recuerde que al cabo, no somos nada, para ver lo poco que importa, en realidad, lo impresentables que son los directivos del Betis y del Sevilla, la huelga de un etarra sanguinario o el fulano de turno que le alegra la vida a Ana Obregón.

 © Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2007

Emitido en Punto Radio el 16 de febrero de 2007

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