Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Paris Hilton

 ira, Cristóbal: como desde lo de la Pantoja me he aficionado a las noticias de la prensa rosa, he terminado enterándome de que a Paris Hilton, la heredera pizpireta del imperio hotelero, la van a meter 45 días en prisión. Por lo visto a la muchacha la han pillado conduciendo con el carnet caducado y va a dar con sus tiernos huesecitos en la cárcel. Resulta que el año pasado también la sorprendieron conduciendo borracha y la condenaron a año y medio de libertad condicional, que por lo visto ahora ha violado al tener el carnet de conducir ca-ducado.
 Y, la verdad, querido amigo, te voy a decir una cosa: Estados Unidos, a pesar de todos sus defectos ―que son muchos, y sabes bien que yo soy el primero en alzar la voz―, a veces me parece un país admirable. Me lo parece por estas cosas, porque alguien que se salte las leyes, por muy Paris Hilton que sea, pueda ir a la cárcel. En España, cualquier conductor borracho puede saltarse un semáforo y atropellar a un peatón y dormir tranquilamente en su casa esa noche. Los puntos del carnet se compran y se venden y la gente hace tan-tas locuras al volante porque la mayoría de las veces el único castigo, entre papeleos, multas recurridas y chanchullos, se queda en poco más que una broma.
 No estaría mal que alguien de los que manda dejase de tener remilgos alguna vez y no le diera miedo de que lo tachasen de retrógrado. Hay gente a los que los puntos del carnet no le importan nada, gente a la que con gusto me gustaría tener en libertad condicional para que, en cuanto se pasen de la raya, alguien pueda señalarles, como a Paris Hilton, el camino de la celda.

 © Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2007

Emitido en Punto Radio el 18 de mayo de 2007

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