Lo que abrigan mis colores

Imagen
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Cazadores

Cristóbal, yo soy de esas pocas personas que dicen que prefieren los documentales de la 2 antes que El Tomate, y que además los ven. No sé si será por algún trauma infantil o por alguna vieja ilusión frustrada, pero me siento delante de la tele y se me pasan las horas viendo a los leones y a los tigres, a los elefantes y a las cebras, a los osos polares y a los pinguinos emperador, que recorren las planicies antárticas con flema digna de nobleza británica. Y cuando una cámara se mete debajo del agua y contemplo cómo una ballena se mece sobre el fondo de mar para buscar comida, te aseguro que me emociono igual que si fuera yo mismo el que estuviera bajo el agua con unas gafas de buzo y una botella de oxígeno a la espalda, algo que, como sabes, también me gusta mucho.
 Y el otro día, entre documental y documental, medio dormido viendo las noticias, me topé de bruces con un reportaje sobre la caza en África. Ya sabes, tipos con mucho dinero y mucho tiempo libre, con sombreritos ridículos y las rodillas coloradas por los calores del trópico. Uno de los cazadores, español, septuagenario, posaba en el salón de su casa, mostrando ufano sus trofeos. Presumía el cazador ―y la verdad, Cristóbal, hay que ser muy inconsciente o muy estúpido para presumir de eso―, de haber matado una vez en África, de una tacada, veintitantos elefantes en menos de una hora. Uno de los momentos más hermosos de su vida, apostillaba, por si no nos había quedado claro su talante ecológico y aventurero. Yo a estos tipos tan valientes, la verdad, los castigaba todos los días obligándolos a ver los documentales de la 2 a la hora de la siesta, o peor, a ver El Tomate. Que me perdonen los elefantes, querido amigo, pero total, la fauna, los cuernos, y la falta de inteligencia de los personajes que aparecen en este programa los hace merecedores, no de estar en la selva, sino a buen recaudo detrás de las rejas de la jaula de un zoo.

 © Andrés Pérez Domínguez, junio de 2007
Emitido en Punto Radio el 25 de junio de 2007


Comentarios

Entradas populares de este blog

Una hermosa y apasionada historia de amor

Monze, yo también zoy andalú

Presentación en Sevilla