Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Firmas


Querido amigo:
Dentro de un par de días se termina la feria del Libro, y el que más o el que menos de los que se dedica a este oficio tan raro de juntar letras en Sevilla ha tenido que cumplir el trámite de sentarse a firmar libros en alguna caseta. Yo también, claro. Y cada vez que me pongo a ello, Cristóbal, no puedo evitar que me afecte una sensación un poco extraña, que tal vez pueda traducirse como la de alguien que ha estado más de una vez al otro lado de la caseta, en el lado de los lectores, y de pronto se ve transplantado a la otra parte de la barrera, donde, como reza el tópico, los toros, querido amigo, no se ven de la misma forma. Y eso que, fíjate, poder firmar libros en una caseta es el resultado de un proceso largo, Cristóbal, muy largo, es el resultado de muchos años de esfuerzo y dedicación.
A mí, como bien sabes, me gusta el contacto con los lectores, que, salvo raras excepciones, suele ser gente amable que viene a verte o a conocerte, gente que quiere que le firmes un libro o que viene a contarte cómo se lo ha pasado con algo que has escrito. Pero también conozco escritores -más de uno y más de dos- a los que no les gusta mucho eso de sentarse a estampar firmas. Y es que, querido amigo, cuando, como te decía antes, uno cambia de lado de la barrera, las cosas no siempre se ven igual. Muchas veces, Cristóbal, estar sentado en una caseta de la feria del Libro no significa pasarte dos horas estampando firmas en tus novelas, sino que, como en un cuento, puedes ser quizá la rana que espera que venga el príncipe a besarte, que lo haga antes de que se cumpla el tiempo, antes, sobre todo, de que te levantes sin haber estrenado el bolígrafo.

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