Lo que abrigan mis colores
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...
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Me ha dado por pensar estos días en algunos autores alemanes de entreguerras, una época tan conectada a tu nueva novela. Entre ellos Ernst Weiss, por ejemplo, pese a ser un autor injustamente olvidado hoy día. Hace algunos años leí EL TESTIGO OCULAR y me pareció magnífica. No sé por qué ahora he pensado en ella y he vislumbrado puntos en común con las cosas que tú has ido escribiendo de esa etapa histórica, incluído el interés psicológico por los personajes. Qué extraños son los puentes de la literatura, ¿no?
Un abrazo.
Un abrazo,