A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...
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El origen de la bomba atómica
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Siempre que llega el dos de agosto me acuerdo. Hoy hace setenta años que Leo Szilard, un inquieto físico húngaro exiliado en Estados Unidos, acudió por segunda vez ese verano a la casa que su amigo Albert Einstein había alquilado en Long Island para que pusiera su firma al final de una carta en la que le iban a advertir al presidente Roosevelt del peligro de una bomba atómica fabricada por los nazis. Quienes hablan más rápido de lo que piensan enseguida culpan a Albert Einstein de la creación de la bomba atómica, del horror de Hiroshima y Nagasaki. Nada más lejos de la verdad. Einstein era un pacifista hasta el tuétano, pero también era judío y se había marchado de Alemania cuando Hitler llegó al poder, en 1933, y como la mayoría de los científicos judíos exiliados en Estados Unidos sabía lo que podía pasar si los nazis eran los primeros en fabricar la bomba atómica. A mí no me cabe duda de que las esvásticas hubieran terminado dando sombra al Big Ben. A finales del 2006 volé a Nueva York y me subí a un tren que me llevó a Long Island para buscar aquella casa en la que Albert Einstein había recibido a Leo Szilard en el verano de 1939. Mucha gente me ha escuchado decir esto: aquel viaje fue el más gratificante de todos los que he hecho para escribir un libro. Ya estaba puliendo mi novela El factor Einstein cuando me planté delante de aquella casa. Recorrí la mismas calles que Albert había recorrido el verano de 1939, me asomé a la misma bahía donde a él le gustaba navegar en el Tinef, un escenario tan importante en la novela que estaba terminando, y me entrevisté con gente que había conocido a Albert Einstein aquel verano que cambiaría el mundo. Como mi amigo Bob Rothman, que aquí me señala el lugar exacto del jardín de su casa donde al final de aquel verano su padre le guardó el velero a Albert Einstein, y me cuenta algunas cosas (del velero y del genio):
A lo mejor algún día me decido. De momento, no sé. El factor Einstein se publicó en enero de 2008 y aún es pronto. Pero sí es verdad que me gustaría recuperar a algunos personajes de esta novela, por supuesto al profesor Albert Einstein también. Un abrazo,
Diego Prado ha dicho que…
Por desgracia desconozco tu "Factor Einstein" pero estar ahí, en los escenarios tiene que ser un privilegio. ¿No te condiciona conocer previamente el terreno? En mi caso siempre he preferido no visitar los sitios de los que hablo. Al menos antes de ponerme a escribir, o sólo escribir sobre ellos muchos años después de haber ido, ya que siempre he creido que la memoria que guardamos de los lugares visitados acaba siendo una ficción más en nuestra mente. No sé, son manias,supongo. Abrazos desde la isla blanca.
Depende, Diego: una novela como El factor Einstein requería una documentación sobre el terreno. Y estar allí fue muy importante. También había visitado otros campos de concentración, pero antes de escribir El violinista de Mauthausen tenía que visitar el lager austriaco. Yo prefiero visitar los lugares, si puedo. No me condiciona, lo que ocurre es que aunque sea ficción me gusta que los lugares por donde se mueven mis personajes sean lo más reales posible. Para escribir El síndrome de Mowgli fui a Lisboa, y los otros escenarios que aparecen en El factor Eistein (Nueva York, Berlín, Cracovia) también los visité. Y La clave Pinner, bueno, ésta casi toda transcurre en Sevilla, pero sí había estado en Gibraltar o Londres, que también salen en la novela. Es la forma de trabajar de cada uno, supongo. Un abrazo,
Por aquí dejo esta reseña que apareció en la web LETRAS. La firma Francisco Vélez Nieto, a quien aprovecho para saludar y dar las gracias desde aquí.
Y, por cierto, antes de que nadie empiece a pensar mal. No conozco de nada a Francisco Vélez Nieto, nunca nos han presentado ni, que yo sepa, tenemos intereses comunes. Y lo mismo me sucede con la mayoría de los críticos que hablan de mis libros. Esto viene a cuento por varios comentarios que cierta gente malitencionada ha dejado en la entrada de un blog donde han reseñado El violinista de Mauthausen . Vale que me tiren piedras a mí, y si alguien piensa que el libro no merecía siquiera haber sido publicado, pues estupendo, cada uno tiene su opinión, y si a un crítico no le gusta mi trabajo no tengo nada que objetar. Pero los malos modales siempre me han incomodado (en la calle, al volante, en la barra de un bar o por escrito) y que se roce el insulto con la gente que lee mis libros no lo puedo tolerar, y tampoco que se lance una sombr...
(Este artículo está escrito en versión "traducida" más abajo, por si alguien no lo entiende bien. Monze, yo también zoy andalú Hoy no te hablo a ti, Crihtoba, zino a Monzerrá Nebrera. Bueno, Monze, zupongo que pa lohamigo, porque azín ze llama en zu bló. Vamoh a veh, Monze, miarma, cómo te lohplico paquementiendah bien. Rezurta que yo también zoy andalú, y aunque no me guhta ni er rosío, ni la zemana zanta ni la feria hay una coza que rivindico con orgullo ca ve que voy Dehpeñaperro arriba, y eh mi asento, fíhate. A mí me guhta hablá en andalú, y aunque podría hablá zin asento zi me lo propuziera, pa mí zería una impohtura tan ehtúpida como zi hablaze en otridioma, como zi lisiera en inglé o en alemán, por sierto, Montze, que ezoh doh idiomah a pezá dabehme criao en Zevilla tambié loh hablo, y zobre tó el inglé zin ningún rahtro de asento andalú, quería mía. Ya te digo, Montze, que entre encorzertarme cuando hablo en cahtellano pa que tú mentienda o hablá er mihmo andalú qu...
Pues ya no hay vuelta atrás. El libro se está distribuyendo, y me espera una gira promocional que me va a llevar por unas cuantas ciudades españolas. También nos vamos dentro de poco con una veintena de periodistas a Austria, para hacer algunos reportajes en el campo de exterminio de Mauthausen. Vienen diarios, suplementos dominicales, revistas, televisiones... Da un poco de vértigo pensarlo, pero bueno, no se me ocurre otra forma mejor de que los lectores se enteren de que El violinista de Mauthausen ya está aquí. Pero todo eso vendrá después. Lo primero, y como no podía ser de otra forma, será la puesta de largo en Sevilla. El próximo miércoles, 4 de noviembre, a las 12,30 h estaremos en el Ateneo (c/ Orfila, 7, Sevilla), presentando El violinista de Mauthausen y Amerika , la novela de Lorenzo Luengo ganadora del Ateneo Joven. Luego habrá una copa. Es una rueda de prensa, pero puede asistir todo el que quiera. Allí estaremos.
Comentarios
Un saludo.
Un abrazo,
Abrazos desde la isla blanca.
Un abrazo,