Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Libros de bolsillo


Desde septiembre de 2005 no salía una novela mía en bolsillo y, como no lo esperaba hasta el mes próximo, me ha hecho mucho ilusión hoy recibir un regalo adelantado: El síndrome de Mowgli y El violinista de Mauthausen ya están a la venta en bolsillo. SÓLO CUESTAN OCHO EUROS. A lo mejor alguno vendrá a contarme otra vez la cantinela ésa de que los libros son caros... Si están bien editados, con una letra digna y un buen papel, creo que los libros en bolsillo son el mejor argumento contra los agoreros que avisan hasta el aburrimiento sobre la crisis del sector. Los malos tiempos me sacuden como a cualquiera, pero yo compro muchos libros en bolsillo, porque son más cómodos y más baratos, y me da la sensación de que el mercado del bolsillo, sin hacer tanto ruido como el del libro electrónico, está cada vez más desarrollado. Y aún tendrá que desarrollarse más, espero. No digo que el libro electrónico no tendrá su ventajas, porque sin duda las tiene, y seguro que muchas, pero para mí no se puede comparar leer un libro en papel a hacerlo en una pantalla. Ahora mismo ando terminando de leer un novelón, en bolsillo, de casi 1.000 páginas y sólo de imaginarme leyéndolo en una tableta me duele la cabeza.

Apenas tengo tiempo últimamente para leer, por eso en lugar de una o dos semanas, esta novela me ha acompañado durante todos los viajes que he hecho últimamente. Feliz al guardarla en la maleta. Reconfortado sólo por saber que estaba ahí. El maestro Reverte lo contaba en octubre pasado en un artículo. Pego sus palabras porque yo no sabría decirlo mejor: “Mucho se equivocan, pienso una vez más, quienes afirman que una tableta electrónica borrará el libro de papel de las necesidades humanas. Porque un libro no sirve sólo para leer. Sirve también para que su peso tranquilice las manos lectoras, para subrayar y ajar sus páginas con el uso, para regalar el ejemplar leído a personas a las que quieres. Para ver amarillear sus páginas con los años sobre los viejos subrayados que hiciste cuando eras distinto a quien ahora eres. Para decorar –no hay cuadro ni objeto comparable en belleza– una habitación o una casa. Para amueblar una vida.”

Pues eso

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© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2012


Comentarios

Carmina ha dicho que…
Mira que bien antes de lo que pensaba, a ver si lo veo pronto y compro el sindrome Mowgli que el otro ya lo he leido y era muy pero que muy bueno
Pakiba ha dicho que…
Pués a mi me gustan los libros de bolsillo, es lo mismo pero sin lujo y asi salen más baratos y puedes disfrutar de ellos.
Enhorabuena.
Rosa mary ha dicho que…
Yo siempre compro de bolsillo me gustán .Claro que tambien tengo de los grandes ,pero no puedo resistirme al de bolsillo (me resulta más comodo para leer)acabo de comprar dos .Un saludo Andres
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Gracias por vuestros comentarios.
A disfrutarlas...
Abrazos,

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